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OVP: Apagones y enfermedades agravan la crisis penitenciaria y cobran vidas bajo custodia del Estado venezolano

abril 25, 2026
Al menos nueve víctimas se cobró la crisis penitenciaria en menos de una semana / Foto: El Impulso

La crisis penitenciaria en Venezuela alcanza niveles alarmantes, marcada por el hacinamiento, la propagación de enfermedades y la falta de atención médica oportuna. Los constantes apagones en estados como Aragua, Carabobo y Lara, agravan aún más las condiciones de reclusión y elevan el riesgo de muertes bajo custodia del Estado, que suma nueve víctimas en menos de una semana, según reportó el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP).

De acuerdo con el observatorio, los detenidos en calabozos policiales enfrentan cortes eléctricos de entre cuatro y ocho horas diarias, incluso dos veces por jornada. Durante estos períodos, los internos permanecen en total oscuridad, lo que incrementa la ansiedad, la desesperación y el riesgo de violencia en espacios ya colapsados.

Condiciones extremas

En celdas donde pueden convivir más de 50 personas, la falta de ventilación y el calor extremo convierten estos recintos en entornos insoportables. Los reclusos reportan que “las paredes sudan” por las altas temperaturas, mientras la única fuente de oxígeno suele ser una puerta abierta, claramente insuficiente.

Esta combinación de hacinamiento, calor y falta de luz no solo deteriora la salud mental, sino que crea un ambiente propicio para la proliferación de enfermedades infecciosas, agravadas por la ausencia de atención médica.

Enfermedades sin control

La propagación de enfermedades dentro de los centros de reclusión avanza sin control. Los privados de libertad carecen de diagnósticos oportunos, tratamientos adecuados y seguimiento médico, lo que convierte patologías tratables en potenciales causas de muerte.

Casos recientes reflejan esta realidad. En menos de una semana, al menos nueve reclusos han fallecido en cárceles venezolanas, muchos de ellos tras un deterioro progresivo de salud sin recibir atención médica. Entre ellos destaca el caso de Yelamo Zárraga José Ramón, quien murió en Tocuyito bajo estas condiciones y cuya muerte fue reportada por el OVP este viernes 24 de abril.

Asimismo, en el Centro Penitenciario David Viloria (Uribana), en Lara, el fallecimiento de un recluso de 71 años evidenció la negligencia institucional: fue trasladado a un hospital en estado crítico, devuelto sin estabilización y posteriormente murió en el trayecto de regreso al penal.

Muertes en recintos penitenciarios aumentan

Entre los casos recientes que evidencian la gravedad de la crisis es el de Deivi Enrique García, quien murió el 20 de abril bajo custodia del Estado en El Rodeo IV, un centro del que incluso no existían registros públicos previos.

Su fallecimiento, atribuido a un paro respiratorio, lo convierte en el primer preso muerto en este recinto y refleja un patrón alarmante: la falta de atención médica oportuna dentro del sistema penitenciario. Ese mismo día, otro recluso murió en El Rodeo III en circunstancias similares, lo que refuerza las denuncias de abandono sistemático.

Advertencias internacionales sobre el colapso del sistema


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha alertado sobre el “riesgo extremo” que enfrentan las personas privadas de libertad en Venezuela. En su informe anual 2025, documenta una sobrepoblación de 45,85%, con centros que alcanzan hasta 255% de hacinamiento.

El organismo advierte que las cárceles presentan condiciones insalubres, infraestructura deteriorada, alimentación deficiente y acceso limitado a agua potable. Además, señala que la falta de atención médica y la violencia han dejado al menos 3.528 fallecidos y más de 5.000 heridos entre 2011 y 2025.

Los calabozos policiales, diseñados para detenciones temporales, se han convertido en centros de reclusión permanentes sin condiciones mínimas de habitabilidad, donde las muertes por enfermedades y abandono médico son cada vez más frecuentes.

Violencia, opacidad y patrones de impunidad


A la crisis sanitaria se suma la violencia interna y la falta de transparencia oficial. Recientes hechos, como la muerte de cinco reclusos en Yare III, han sido explicados por las autoridades como riñas internas, una narrativa cuestionada por organizaciones de derechos humanos.

Este patrón recuerda antecedentes como la Masacre de Vista Hermosa, donde versiones oficiales ocultaron la responsabilidad estatal, posteriormente confirmada por instancias internacionales.

Barquisimeto / El Impulso

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