
La isla de Margarita fue el escenario de una rogativa en la que comunidades locales se unieron para pedir por el bienestar espiritual del país.
Los fieles acompañaron el recorrido de las imágenes de San José Gregorio Hernández, proveniente de la capilla de Los Cocos; y de la Virgen del Valle, resguardada por la Asociación Civil Misericordiane. La movilización buscó llevar un mensaje de fe y consuelo a los habitantes de la región.
El trayecto se diseñó de manera circular para bordear toda la isla, iniciando y culminando en el municipio Mariño. Desde la capilla de Los Cocos, la procesión avanzó hacia el oeste de la región insular con paradas clave que incluyeron Villa Rosa en García y la plaza del Bombero en Boca del Río, perteneciente al municipio Península de Macanao.
Posteriormente, el recorrido tocó el sur en el terminal de ferris de Tubores antes de internarse hacia las localidades del centro y norte.
Los municipios Díaz, Marcano, Gómez, Arismendi y Maneiro también formaron parte de esta ruta de oración. Los devotos se concentraron en puntos como La Encrucijada, el hospital de Juan Griego, la plaza de Santa Ana, la plaza Araujo en La Asunción y la plaza de las Banderas en Pampatar. En cada uno de estos espacios, las agrupaciones religiosas y los ciudadanos compartieron plegarias enfocadas en las realidades de la nación.
Doily Hernández, director ejecutivo de la Asociación Civil Misericordiane, destacó desde Los Cocos, municipio Mariño, que esta iniciativa nació del voluntariado y la sociedad civil con el fin de implorar el resguardo de la población frente a las dificultades materiales y espirituales.
Asimismo, expresó que la jornada tuvo un sentido solidario hacia los afectados por los fuertes sismos ocurridos el pasado 24 de junio, dedicando oraciones especiales por las personas que sufrieron pérdidas en ese suceso.
Por su parte, Liliana Carreño, presidenta encargada de la Hermandad Doctor José Gregorio Hernández, manifestó desde la plaza Bolívar de Porlamar, que en momentos complejos la fe se convierte en un ancla de esperanza y resiliencia.
La representante de la organización, que acumula cinco décadas de labor social y religiosa, enfatizó la importancia de acompañar el sentir de las familias afectadas, promoviendo la unión colectiva a través de la oración en todo el territorio insular.
Nueva Esparta / Mario Guillén Montero


