
Un ruido aterrador, devastaciones por doquier y una carrera a toda velocidad para rescatar a sus hijos, son los primeros recuerdos de Nairobis Cova, de 40 años de edad, tras sobrevivir a aquella tarde del 24 de junio de 2026, cuando dos terremotos azotaron al estado La Guaira.
Esta tragedia la impulsó a refugiarse en la población de El Tigre, municipio Simón Rodríguez del estado Anzoátegui, donde vivió hace cinco años y hoy apuesta por un nuevo rumbo junto a su familia.

Ese miércoles, Nairobis cubría su turno como cajera en el Supermercado Roca Azul de Caraballeda. En cuestión de segundos el fuerte movimiento telúrico provocó el colapso del lugar, pero ella logró salir con pocos compañeros de trabajo. Solo un bajo porcentaje del personal sobrevivió.
"Fue como si una bomba atómica hubiese caído frente a nosotros, porque era como la guerra (…) el sonido era horrible. Mi hijo pensaba que el río había crecido, porque teníamos el río cerca. Yo pensé que era un ciclón, un huracán" , describió.
En medio de los escombros y cientos de heridos a su alrededor, el instinto maternal de Nairobis la llevó a correr hasta su hogar, en el cuarto piso de Residencias Coral Garden, donde se encontraban sus hijos, de 10, 16, 18 y 23 años.
Empujada por la adrenalina, el trayecto solo le tomó tres minutos. En condiciones normales se tardaba hasta 10. "Brinqué por el puente de Caraballeda, que se estaba partiendo, a mí no me importó que eso estaba cediendo. Se abrió una grieta de punta a punta en toda La Guaira", relató.

La estructura de la residencia quedó inclinada y severamente fracturada, hasta que se redujo a polvo, pero los hermanos salieron a tiempo, sanos y salvos. "Salieron descalzos, sin camisa, sin ninguna identificación, pero sin ningún rasguño", contó la madre mientras sus ojos se cristalizaban. Considera que lo ocurrido solo puede explicarse como un milagro de Dios.
"Cuando llegué solo pude arrodillarme para dar gracias a Dios porque no quiero imaginarme si hubiese sido distinto, si yo hubiese llegado y no hubiese estado uno de mis hijos, Dios fue demasiado maravilloso porque no permitió que eso pasara", exclamó.
Nairobis y sus hijos pasaron tres días durmiendo frente a los escombros de lo que un día fue su residencia. Después caminaron hasta Maiquetía para ir a casa de una tía. Desde allí partieron a Caracas, donde abordaron un autobús que trasladaba ayuda y los movilizó a Puerto La Cruz.
Una semana después del desastre se reencontraron con la población de El Tigre, lugar donde hace cinco años dejaron una casa al cuidado de la madre de Nairobis, para buscar mejores oportunidades en la región central.

Al pisar nuevamente el suelo tigrense, las muestras de ayuda no se hicieron esperar. Tanto los entes gubernamentales como voluntarios independientes se acercaron a la familia para suministrarle alimento, ropa, enseres y productos de primera necesidad.
La mente y el corazón de Nairobis aún están en La Guaira, pero sus ganas de salir adelante se mudaron a El Tigre. Mientras piensa un futuro para sus hijos, lucha por conseguir un empleo, abrirse camino en la repostería y volver a vivir tranquila, creyendo con total devoción que Dios los salvó.
El Tigre / Damary Díaz


