
En Cumaná, capital del estado Sucre, la falta de agua por tuberías ha obligado a los habitantes a buscar distintas alternativas para poder cubrir una necesidad que, en medio de la emergencia hídrica, se ha convertido en una verdadera odisea cotidiana.
Mientras la ciudad continúa a la espera de una normalización del servicio, en varios puntos se han habilitado espacios para que los vecinos puedan abastecerse, lavar ropa o resolver parcialmente las necesidades del hogar.
Entre ellos destaca el punto instalado por la Cruz Roja Venezolana en la avenida Humboldt, donde la población puede acudir con envases para obtener agua potable destinada al consumo humano. El servicio se mantiene desde que empieza el día hasta finales de la tarde.
A esta opción se suman comunidades como San Juan y Guatacaral, donde algunos residentes se han organizado para permitir que otras familias llenen recipientes e incluso lleven lavadoras para lavar ropa, como una forma de alivio ante la escasez y las personas pueden acudir todo el día, desde las 8:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche.
De igual manera, la gobernación del estado Sucre implementó un esquema de distribución mediante camiones cisterna en distintas comunidades, cuyo horario se difunde a través de los canales oficiales de la institución.
Sin embargo, lugareños aseguran que el sistema no siempre cumple con la frecuencia anunciada y que en ocasiones se han registrado fallas en la entrega del recurso.
Aun así, sectores como Brasil, Los Chaimas, Miramar, El Dique, Cumanagoto y Mundo Nuevo han logrado recibir ayuda a través de esta modalidad, aunque los vecinos afirman que el suministro no siempre cubre la demanda total de los hogares.
En algunas zonas de la ciudad, la solución ha sido comunitaria. Habitantes de urbanizaciones y conjuntos residenciales se han puesto de acuerdo para contratar cisternas privadas, cuyo costo oscila entre 60 y 120 dólares, según la capacidad del vehículo y la cantidad de agua requerida.
Esta alternativa permite llenar tanques y hacer llegar el recurso a apartamentos ubicados en pisos altos, donde el agua no sube con facilidad cuando el suministro es limitado o llega por presión muy baja.
También hay comunidades como La Llanada, Brasil, Tres Picos, la avenida Arismendi y la calle Cocoyar, donde el agua llega en algunos puntos específicos, en chorros o a través de tubos.
En esos casos, los propios vecinos se apoyan entre sí para compartir el recurso y permitir que más familias puedan abastecerse mientras se mantiene la contingencia.
En esas zonas, los residentes explican que no existe un horario definido para la salida del agua. Puede llegar en la mañana, en la tarde o incluso de madrugada, y por tiempo limitado. Por eso, muchas familias deben estar pendientes en todo momento para aprovechar cada oportunidad de llenado.
La crisis hídrica ha llevado a los cumaneses a reinventar sus rutinas y a depender de la solidaridad vecinal, de puntos humanitarios y de cisternas, en una ciudad donde conseguir agua se ha vuelto una tarea diaria y, muchas veces, incierta.
Cumaná / Lino Castañeda


