
Los cortes eléctricos prolongados dejaron de ser únicamente una interrupción del servicio para convertirse, según habitantes de Cumaná, municipio Sucre, en un factor que condiciona buena parte de su rutina diaria.
Vecinos de distintos sectores de la capital del estado Sucre aseguran que permanecer durante varias horas sin electricidad, en medio de temperaturas elevadas y sin conocer con certeza cuándo regresará el servicio, les genera preocupación, irritabilidad, cansancio y una sensación permanente de incertidumbre. A esto se suma la situación del suministro de agua, otro servicio indispensable que, según los ciudadanos, termina haciendo más difícil enfrentar las jornadas sin electricidad.
La combinación obliga a las familias a reorganizar actividades tan básicas como cocinar, lavar, conservar alimentos, descansar o realizar tareas domésticas. En los hogares donde se utilizan cocinas eléctricas, además, una interrupción prolongada puede significar tener que modificar completamente la planificación de las comidas.
Para los habitantes consultados, uno de los principales problemas no es solamente la cantidad de horas sin electricidad, sino no saber con anticipación cuándo ocurrirá el próximo corte.
“Lo que más me afecta es no saber cuándo se va a ir la luz. Uno tiene que cocinar, lavar, hacer las cosas de la casa y no sabe si va a tener electricidad dentro de una hora. Cuando se va, empiezas a pensar qué vas a hacer, cómo vas a resolver y cuándo va a regresar. Eso genera demasiado estrés”, señaló Luannys Zerpa, habitante de Las Lomas de Ayacucho de la parroquia Altagracia.
La falta de electricidad también puede intensificar la sensación de calor dentro de las viviendas, especialmente durante las noches.
“Uno termina cansado mentalmente. Si no hay luz, no hay agua, no puedes prender un ventilador, no puedes cocinar como normalmente lo haces y tampoco sabes cuándo va a regresar el servicio. Uno siente que vive pendiente de resolver una cosa y después otra”, expresó José Martínez, residente del barrio Boca de Sabana.
A juicio de los ciudadanos, la situación termina trasladándose de los servicios públicos al ámbito familiar: cambiar horarios, suspender actividades, buscar alternativas para preparar alimentos, procurar agua y esperar el restablecimiento de la electricidad forman parte de una rutina que, aseguran, resulta cada vez más agotadora.
El problema adquiere otra dimensión cuando las interrupciones se prolongan, pues la electricidad también resulta necesaria para conservar alimentos, utilizar equipos de refrigeración y mantener determinadas actividades domésticas.
Para los cumaneses, por ahora, la petición no se limita a contar las horas que permanecen sin electricidad. También reclaman mayor previsibilidad en el servicio y respuestas que les permitan organizar su vida cotidiana frente a las interrupciones.
Mientras tanto, entre apagones, calor y dificultades con el agua, los habitantes aseguran que el cansancio no solo se siente en el cuerpo, sino que también comienza a pesar en el ánimo.
Cumaná / Lino Castañeda


