
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien dejará el poder este domingo con la llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva, rompió este viernes su silencio e intentó apaciguar a sus seguidores más radicales, a los que pidió ejercer una dura oposición.
"No vamos a creer que el mundo acaba este 1 de enero", con la investidura de Lula, declaró Bolsonaro sollozando, en un directo por sus redes sociales, en el que instó a sus seguidores a "no tirar la toalla ni dejar de hacer oposición", pero pidió que sea en forma pacífica y dentro del marco que establece la Constitución.
Bolsonaro partió este viernes hacia Estados Unidos, poco después de dirigirse a sus seguidores, informó la agencia EFE.
De esa manera, Bolsonaro no cumplirá la institucional tradición del traspaso de la banda presidencial, un gesto apenas simbólico pero que respetado por todos los mandatarios desde que Brasil recobró la democracia, en 1985, tras 21 años de dictadura.
Sigue sin reconocer su derrota
En un pronunciamiento que duró poco más de una hora, Bolsonaro no terminó de reconocer su derrota en las elecciones de octubre pasado ni felicitó a Lula.
Por el contrario, insistió en que fue "víctima" de una justicia electoral "que no fue parcial" y que, en su opinión, favoreció al líder progresista con diversas decisiones.
Reiteró que su "libertad" y la de los grupos de ultraderecha que le apoyan fue "cercenada" y se les "impidió" denunciar los fallos que, según insiste sin prueba alguna, tiene el sistema electrónico de votación que se utiliza en Brasil desde 1996.
Hizo un repaso de la gestión que comenzó el 1 de enero de 2019 y admitió que "hubo problemas", que atribuyó sobre todo a la irrupción de la pandemia en marzo de 2020 y a la invasión rusa a Ucrania este año.
Sin citar a Lula por su nombre, auguró que "el nuevo Gobierno que viene ahí va a crear muchos problemas" y le va a "imponer al país una ideología nefasta que no resultó en ningún lugar del mundo".
Brasilia / Con información de EFE


