
Tras el fuerte sismo ocurrido el pasado miércoles aproximadamente a las 6:00 p.m., el urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi se ha convertido en el epicentro de una tragedia marcada por el colapso de infraestructuras y el clamor de una comunidad que se siente abandonada a su suerte. Mientras algunos edificios se "parten por la mitad", cientos de personas pernoctan a la intemperie y bajo puentes, ante el temor de nuevos derrumbes.
El balance humano es desgarrador. Entre las víctimas, los familiares cuentan a una niña de 11 años que permaneció atrapada durante tres días bajo los escombros de su apartamento. Según relataron vecinos que participaron en el rescate, la menor fue extraída con signos vitales tras una labor manual extenuante, pero falleció poco después en el hospital debido a la gravedad de sus heridas y el peso de los materiales que la sepultaron.
Michael Leon González, residente de la zona, describió cómo el edificio "se vino de un solo golpe", dejando a la niña atrapada cuando intentaba salir. Asimismo, se reportó el fallecimiento de otros dos menores, de 9 y 6 años, en las llamadas Torres Blancas. Actualmente, la búsqueda continúa para localizar a personas desaparecidas, entre ellas un hombre llamado Carlos y la hermana y sobrina de Alexandra, una vecina que mantiene la esperanza de hallarlas con vida tras escuchar los ladridos de su mascota entre las ruinas.



A pesar de la magnitud del desastre, existe una profunda contradicción entre los testimonios de los afectados y las versiones oficiales sobre la ayuda recibida. Alexandra, una de las familiares de los desaparecidos, denunció que "el pueblo está solo" y que no han recibido apoyo de organismos internacionales. Según su testimonio, los propios familiares han tenido que pagar a particulares y cavar con sus manos para intentar rescatar a sus seres queridos.
"Necesitamos agua y alimento para las personas que están trabajando... dos minutos que perdamos es una vida que se pierde allí", advirtió Alexandra, subrayando la falta de insumos básicos para los voluntarios. Por su parte, otros vecinos confirmaron que el rescate de la niña de 11 años fue realizado por la comunidad utilizando una excavadora prestada, sin presencia de autoridades en ese momento crítico.
En contraste, Giovanina Enriquez, vocera principal de Hábitat y Vivienda del Consejo Comunal, afirmó que desde el jueves comenzó a llegar ayuda venezolana y extranjera, mencionando delegaciones de El Salvador y España. Según Enriquez, se han distribuido medicamentos, pañales y alimentos listos para el consumo entre los afectados.
Sin embargo, la realidad para muchos sigue siendo el "campamento de tabla" instalado frente a los edificios, donde familias enteras llevan días sin dormir, vigilando lo que queda de sus hogares y esperando que los cuerpos de rescate finalmente prioricen sus estructuras. "Los bomberos están con otras prioridades, como los edificios que se desplomaron totalmente", lamentó uno de los residentes que duerme bajo el puente.


La situación en Catia La Mar sigue siendo crítica, con al menos un fallecido confirmado que aún no ha podido ser extraído de la primera planta de una de las torres y la incertidumbre constante sobre cuántas personas permanecen aún bajo los escombros del sueño habitacional que hoy es ruinas.
Catia La Mar / Rodolfo Baptista


