
El pasado viernes por la noche, en la localidad de Mongbwalu, una tienda instalada por el grupo humanitario Médicos Sin Frontera para tratar a casos sospechosos y confirmados de ébola, fue atacada e incendiada por residentes enojados, comentó el director del hospital de Mongbwalu, Richard Lokudi.
Los reportes iniciales aseguran que nadie resultó herido, sin embargo, durante el siniestro 18 pacientes sospechosos de ébola escaparon y las autoridades locales aún no dan con su paradero, dijo un director del hospital local.
Este es el segundo ataque registrado luego de que el jueves 21 de mayo, familiares de una de las víctimas prendieran fuego otro centro de tratamiento como rechazo a que se les prohibiera recuperar el cuerpo para velarlo.
Las tensiones entre los trabajadores sanitarios y la comunidad local está en su punto más alto, debido a que las autoridades han asumido la gestión de los entierros de víctimas sospechosas, una medida necesaria para contener el brote ya que los cuerpos de los fallecidos por ébola son altamente contagiosos.
La OMS elevó a “muy alto” el riesgo para la RDC ante un brote que ya registra 750 casos y 177 muertes sospechosas. La cifra oficial de confirmados es menor (82 casos, 7 muertes), pero la magnitud real es superior y se ve agravada por la inexistencia de una vacuna para esta variante del virus.
La Cruz Roja confirmó el fallecimiento de tres voluntarios en Mongbwalu, quienes habrían contraído el virus desde finales de marzo al manipular cuerpos. De confirmarse, esto demostraría que el brote comenzó semanas antes de lo registrado oficialmente en Bunia.
El desafío actual no es solo sanitario. Las autoridades ahora enfrentan una carrera contra el tiempo para contener la propagación mientras intentan con extrema dificultad, restaurar la confianza de una comunidad profundamente marcada por el miedo y la desinformación.
Puerto La Cruz / Redacción web


