
A casi dos años de la misteriosa desaparición de la odontóloga María Catalina Rivas Espinosa y su pequeña hija Alexandra Sofía Rivas, sus familiares continúan en una incansable búsqueda de respuestas.
El hecho ocurrió el 15 de junio de 2024 en la isla de Margarita, cuando ambas salieron a realizar una diligencia y se perdió total contacto con ellas.
Germary Rivas, hermana y tía de las víctimas, lamentó, desde Porlamar municipio Mariño de Nueva Esparta, que a pesar del tiempo transcurrido y de la supuesta investigación en curso, los resultados sigan siendo completamente nulos para la familia.
La situación se tornó aún más alarmante tras conocerse que el año pasado fue localizado en Colombia el principal sospechoso del caso. Se trata de un mecánico cercano al entorno familiar de la niña que ya contaba con una alerta roja de Interpol por otros delitos y que presuntamente huyó de Venezuela poco después del suceso.
Este sujeto estuvo involucrado en el asesinato de una mujer en el vecino país, y fue asesinado en venganza, por parte de familiares de la mujer.
Los medios de comunicación internacionales señalaron directamente a este individuo como el responsable de la desaparición de Rivas y su hija. No obstante, los allegados critican la falta de pronunciamiento oficial por parte de las autoridades venezolanas.
Denuncian que ha existido una evidente lentitud institucional para coordinar con los organismos internacionales y esclarecer la conexión del sospechoso con el caso de Margarita.
Ante la reciente renovación de las autoridades en las distintas instituciones del Estado, la familia clama para que se reimpulse el caso de manera eficiente.
Germary Rivas enfatizó que necesitan un compromiso real de los nuevos funcionarios para que el expediente no quede en el olvido.
Los parientes exigen que se utilicen todos los recursos tecnológicos y policiales disponibles para dar con el paradero de sus seres queridos de forma inmediata.
La falta de información y la aparente paralización de las investigaciones han sumido a la familia en una constante agonía. Los allegados insisten en que las primeras semanas eran cruciales y que el retraso en la activación de los protocolos de búsqueda internacional debilitó las posibilidades de un hallazgo rápido.
A pesar de los obstáculos, la comunidad y los conocidos de las víctimas se han mantenido activos en redes sociales para visibilizar el caso y evitar que caiga en la indiferencia pública.
Los afectados expresan que la incertidumbre es un dolor que crece cada día y exigen el derecho humano fundamental de saber la verdad.
Claman por respuestas claras, ya sea para encontrarlas con vida o para tener la dolorosa certeza que les permita cerrar este devastador capítulo.
Insisten en que no se trata de un simple número de archivo sino de dos vidas humanas que merecen justicia de forma urgente.
Nueva Esparta / Mario Guillén Montero


