
El rumor corre por los campamentos de La Guaira con la misma velocidad que el miedo: se teme que el desastre desencadene una epidemia incontrolable. Sin embargo, detrás de la alarma colectiva se esconde una verdad científica que las autoridades y ciudadanos deben conocer para enfocar sus recursos a la ejecución de protocolos de saneamiento y la provisión de agua potable en la zona cero.
La amenaza real no reside en los fallecidos que aún esperan ser rescatados e identificados, sino en la fragilidad de los servicios básicos que determinan la salud de los sobrevivientes.
La doctora Patricia Valenzuela, expresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, y el doctor Ulises Fernández, médico forense, explican por qué la gestión de esta crisis requiere guiarse por evidencia científica y no por la desinformación que prolifera en redes sociales.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cadáveres resultantes de desastres naturales no transmiten enfermedades infecciosas a la comunidad. Esta aclaratoria es vital para redirigir los recursos hacia los verdaderos focos de riesgo: la falta de agua potable y la ausencia de protocolos de saneamiento adecuados
“Son pacientes que han muerto por causas traumatológicas, no por tipo infeccioso que puedan transmitirse de persona a persona. Sin embargo, hay un riesgo para las personas que tienen contacto directo, como médicos forenses, rescatistas y quiénes estén en la remoción de escombros y recuperación de estos cuerpos en descomposición”, explica el médico forense Ulises Fernández.
“Estos cadáveres comienzan a derramar fluidos de cavidades que en el humano son sépticas y estar en contacto sin la protección adecuada puede causar enfermedades infecciosas", recalca Fernández. A su vez enfatiza en que las mascarillas azules comunes que pueden adquirirse en cualquier establecimiento no brindan una protección adecuada para la labor en la zona cero, por lo que recomienda el uso de las mascarillas Kn95.
Valenzuela enfatiza que, para las labores de rescate en la zona cero, el personal no solo debe utilizar mascarillas, sino también equipo de protección adicional: guantes que superen la muñeca y batas o delantales impermeables. La especialista subraya la importancia de evitar el contacto con los ojos o el rostro durante la manipulación de los cuerpos para prevenir salpicaduras de fluidos, lo cual representa un riesgo de infección. Aclara que este riesgo es exclusivo de la manipulación directa del cadáver, ya que no existe transmisión de persona a persona.
La experta explica que para que ocurra un contagio por vía aérea, es necesaria la presencia de partículas o microgotas cargadas de patógenos, algo que solo sucede cuando una persona está cursando un proceso infeccioso respiratorio activo como COVID-19, influenza o tuberculosis.
La doctora advierte que el uso de las mascarillas tiene un tiempo límite de eficacia para garantizar la seguridad del personal, una lección que quedó consolidada tras la experiencia de la pandemia por COVID-19. Dice que el cambio debe realizarse preferiblemente cada 24 horas y, como máximo, alargarse hasta las 48 horas.
¿Hay signos de alerta?
El médico forense Ulises Fernández advierte que, para quienes realizan labores de manipulación directa, una higiene o protección inadecuada puede derivar en problemas de salud significativos. Señala que el personal puede presentar cuadros diarreicos o diversas afecciones cutáneas, como urticaria, caracterizadas por zonas enrojecidas, calientes al tacto e inflamadas.
Insiste en que el equipo debe monitorear constantemente su estado de salud, especialmente atentos a la aparición de fiebre, ya que esta suele ser una de las primeras manifestaciones clínicas que alertan sobre el desarrollo de un proceso infeccioso.
Hay protocolos que la OPS recomienda, cómo los diagnósticos sindromáticos. “Esto quiere decir que se identifiquen los signos y los síntomas que está presentando la persona y se haga el diagnóstico a lo grande”, aclara la doctora Valenzuela.
También enfatiza la importancia de realizar diagnósticos sindromáticos en situaciones de emergencia. Si una persona presenta síntomas respiratorios, el protocolo sugiere aislarla, evaluarla y, dependiendo de su condición, trasladarla a un hospital de campaña, suministrándole mascarilla para evitar la transmisión viral. Se recomienda iniciar el tratamiento de manera inmediata, basándose en la impresión diagnóstica, sin esperar los resultados de los exámenes de laboratorio, los cuales servirán posteriormente para ajustar o modificar dicho tratamiento si fuera necesario.
El peligro silencioso en la zona cero
Valenzuela menciona que la acumulación de agua estancada es un factor crítico de riesgo, ya que crea el entorno propicio para el desarrollo y formación de criaderos de dos tipos de mosquitos: el Aedes aegypti (conocido como mosquito patas blancas) y el Aedes albopictus (a veces llamado "tigrito"). Ambos actúan como vectores transmisores de los virus de dengue, zika y chikungunya.
Expertos advierten que, además de los mosquitos, la gestión de roedores es fundamental debido a su papel como reservorios de patógenos. El riesgo comienza con la contaminación del entorno:
“Los ratones y los roedores, en líneas generales, tienen la capacidad de transmitir a través de sus heces y orina, un microorganismo: la Leptospira interrogans. Ellos pueden contaminar el agua, los alimentos cuando están mal almacenados, e incluso las superficies donde se manipulan los alimentos, especialmente en lugares oscuros y húmedos", explica la especialista.
Leptospira interrogans es una bacteria tipo espiroqueta que se transmite a través de las heces y de la orina de animales infectados, específicamente roedores, que son su principal reservorio.
Valenzuela también advierte sobre el uso de cal en la zona cero porque no tiene ningún beneficio. “Lo que puede pasar es que retrasa los procesos al modificar el escenario donde está el cadáver, además afecta en la recolección de evidencia forense y complica la identificación de las víctimas”. Menciona además que esta medida no está recomendada por la Sociedad Panamericana de la Salud.
Puerto La Cruz / Ismelvia Dugarte


