
El 24 de septiembre se cumplieron tres meses del doble terremoto que afectó al centro del país y que dejó miles de muertos. La otra consecuencia de los terribles eventos sísmicos fue el desplazamiento de miles de familias, que prácticamente huyeron de la zona de desastre para buscar refugio en casas de familiares, amigos y allegados en el interior del país.
Al municipio Bermúdez y a la zona de Paria del estado Sucre, según cifras que maneja Cáritas Carúpano, llegaron unos 158 grupos familiares, que suman casi unas 500 personas, que se regaron por los municipios Arismendi, Cajigal, Benítez, Ribero y Valdez. La mayoría se quedó en Carúpano. Con el paso de las semanas la realidad ha develado, en muchos casos, el abandono oficial y la insuficiencia de las ayudas.
En Macarapana, Jannette Rodríguez, madre de un niño de ocho años, recordó que llegaron a Carúpano porque unos sobrinos “los fueron a rescatar”. Tenían cuatro días en situación de calle y acababan de perder la humilde casa que con esfuerzo levantaron en el sector La Atlántida de Catia la Mar.
A tres meses de haber sobrevivido a uno de los peores terremotos de la historia reciente, Rodríguez relató que han ido cayendo en la desesperanza, porque aparte de Cáritas que les brindó apoyo en materia alimentaria, médica y psicológica, carecen de ayuda que les permita reconstruir su vida en Carúpano, porque a La Guaira no quieren regresar.
La mujer explicó que su esposo ha buscado trabajo de forma insistente y relató que la empresa en la cual trabajaba de vigilante lo cesanteó a fines de julio, por lo que ahora sobreviven con su ingreso del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS).
Dijo que no aspiran a que les sigan dando, lejos de eso, como familia, quieren que los ayuden con trabajo y de ser posible con materiales de construcción para independizarse, porque viven “arrimados” en la casa familiar, donde actualmente hay otros parientes.
Sus hermanos le dieron un terreno, donde quieren construir de manera modesta y poder seguir criando al pequeño de ocho años.
Otro caso es el de Victoria Martínez, en el sector Los Pitufos de Playa Grande. Ella y su pareja estaban reconstruyendo la casa de un familiar y el terremoto la derrumbó y los dejó sin nada. Ellos y su pequeña hija de un año llegaron a Carúpano en uno de los primeros autobuses que trasladaron desplazados a Bermúdez.
Señaló que de no ser por las organizaciones como Cáritas habrían pasado por peores situaciones, porque la niña se enfermó y fueron esos entes la que la ayudaron.
En la entrada de Los Pitufos, vive Edward Martínez, quien llegó desplazado con su esposa y cinco niños, que al menor ruido saltaban por los aires, cuando pasaba el camión de la basura.
El joven y su pareja no estaban cuando se les intentó contactar. Su mamá explicó que se marchó a La Guaira para el proceso de censo y dejó a los niños con ella.
Tampoco el joven y su familia han recibido gran apoyo para salir adelante. Viven en una casa donde ya había otros grupos familiares y siguen a la espera de que la solidaridad pase de las redes sociales.
Geisa Villarroel, coordinadora de la Pastoral de Movilidad Humana de Cáritas Carúpano, dijo que se volcaron a la atención de los desplazados desde un primer momento, no solo con ayuda material, sino también apoyo psicosocial, psicológica y terapias grupales.
Reconoció que los desplazados requieren una ayuda a largo plazo, viven en hacinamiento en casas de familiares, no tienen empleos y los que poseen emprendimientos tampoco ejercen sus oficios porque se encuentran en periodo de adaptación.
Orlando Suárez, coordinador del Movimiento Somos Venezuela en Bermúdez y encargado de la atención a los desplazados, dio cuenta de 20 familias que regresaron a La Guaira y que solo tienen a su cargo a otras 20, que asisten en materia de medicamentos y alimentación. Los datos contrastan con los que manejan otras organizaciones. Reconoció que a la fecha, hay nueve familias que tienen reportadas, pero que nunca visitaron.
Sobre una atención en materia de empleos y de vivienda, dijo que manejan un protocolo por la llamada “Ruta de la esperanza” y evalúan los casos que requieren atención.
Lo cierto es que a la tragedia del doble terremoto, ahora se suman las consecuencias de iniciar nuevas vidas en lugares donde deberán adaptarse y probablemente, deban salir adelante por sus propios medios, ante la indiferencia de las autoridades locales.
Sucre / Yumelys Díaz


