
El Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS), en un comunicado oficial, informó sobre el fallecimiento de tres pacientes en el estado Anzoátegui con diagnóstico confirmado de hantavirus. El reporte indica que los casos se originaron en una zona rural al sur de la entidad, donde la exposición a roedores en entornos agrícolas podría haber facilitado la transmisión.
Tras la identificación de los síntomas iniciales, el despliegue de los protocolos de laboratorio permitió adjudicar estos decesos a la fuente viral de forma expedita, confirmando que se trata de un evento focalizado y bajo control operativo.
En la gestión de brotes, es fundamental determinar si existe una cadena de contagio o si se trata de eventos aislados sin conexión biológica. En este sentido, es fundamental separar la situación de Anzoátegui de los eventos registrados recientemente en el estado Barinas, donde se reportó la pérdida de dos profesionales de la medicina.
El MPPS ha subrayado que estos sucesos son independientes y que no existe relación epidemiológica entre ambas regiones, dado que los cuadros clínicos observados en Barinas no presentan una consolidación única ni un nexo de exposición común identificado.
La distancia geográfica de aproximadamente 800 kilómetros entre el sur de Anzoátegui y Barinas, sumada a la ausencia de viajes vinculantes entre los afectados, refuerza la tesis técnica de que se trata de contingencias separadas cuyas causas definitivas permanecen bajo estudio.
Para mitigar el temor fundado en el desconocimiento, es esencial comprender la naturaleza de las enfermedades zoonóticas y sus reservorios naturales en el país. En esencia, los hantavirus conforman un grupo de virus transmitidos por roedores que, al saltar al ser humano, desencadenan cuadros clínicos de extrema gravedad.
En Venezuela se han identificado históricamente los subtipos Maporal y Caño Delgadito, y los últimos brotes reportados ocurrieron en el estado Delta Amacuro en 2024 y en el estado Portuguesa en 2025.
La evidencia técnica acumulada sugiere que la infección ocurre de manera accidental cuando los seres humanos inhalan partículas microscópicas de fluidos de roedores infectados —orina, heces o saliva— que se dispersan en el aire al remover polvo en espacios cerrados o viviendas rurales. Esta particularidad biológica confina el riesgo de exposición a entornos muy específicos y descarta la posibilidad de un contagio comunitario masivo.
Sin embargo, los registros de la Clínica Mayo confirman que la cepa del virus Andes es la única con capacidad documentada de transmisión de persona a persona. Este hallazgo, aunque se describe como un fenómeno poco común asociado a contactos estrechos y prolongados (como parejas o convivientes), obliga a un manejo clínico distinto. El riesgo de contagio interhumano es mayor durante la fase inicial de la enfermedad, lo que exige protocolos estrictos de aislamiento y seguimiento de contactos para evitar brotes comunitarios o intrahospitalarios.
“No se sabe cuál es el subtipo de hantavirus que tenemos, eso se va a saber probablemente en una semana, pero hasta el momento, ninguno de los hantavirus americanos, con la excepción del Andes, que fue el que produjo el brote del barco hace unos meses, tienen transmisión persona a persona. En Venezuela no se ha evidenciado Andes, solo Maporal y Caño Delgadito, que hasta el momento no tienen transmisión persona a persona”, expresó el infectólogo Julio Castro en declaraciones al Circuito Onda.
Las autoridades sanitarias internacionales reconocen la prolongada ventana de incubación como el mayor obstáculo para el control del hantavirus. De acuerdo a la enfermedad que provoquen, variará el tiempo en el que suelen manifestarse.
Mientras que el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH) suele manifestarse entre 1 y 7 semanas tras la exposición, la Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (FHSR) aparece generalmente en un margen de 1 a 2 semanas.
De acuerdo con MedlinePlus, la enfermedad atraviesa una metamorfosis clínica dividida. La fase inicial es la de síntomas pseudogripales, por los que el paciente presenta fiebre, mialgia (dolores musculares), fatiga y cefaleas. El riesgo de confusión diagnóstica es máximo en esta etapa, pues suele hacerse ver como influenza, COVID-19, dengue o neumonía viral.
En la fase avanzada aparece el fallo orgánico, tras una escalada agresiva. El virus invade los capilares —los vasos sanguíneos más diminutos— y provoca que estos pierdan su integridad estructural. Esta "fuga" vascular causa que los pulmones se inunden de líquido (edema pulmonar), derivando en tos seca, dificultad respiratoria extrema y choque cardiogénico. En ciertas variantes, la progresión ataca la función renal, manifestándose con hipotensión y hemorragias.
La medicina actual enfrenta una realidad sobria: no existen vacunas aprobadas ni tratamientos antivirales específicos. La supervivencia depende exclusivamente del acceso temprano a cuidados intensivos y soporte ventilatorio. Por tanto, la prevención no es una opción, sino el protocolo de supervivencia.
Siguiendo las recomendaciones internacionales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) la población debe aplicar protocolos correctos en zonas propensas a la presencia de roedores.
Las claves preventivas son las siguientes:
Ventilación: Antes de ingresar a espacios cerrados por mucho tiempo, abra puertas y ventanas y retírese del lugar durante 30 minutos.
Desinfección: Nunca barra en seco ni aspire, ya que esto aerosoliza el virus de forma fatal. Rocíe nidos y excrementos con una solución de hipoclorito de sodio al 10% (lejía). Es necesario dejar actuar el desinfectante por 30 minutos antes de proceder a la limpieza.
Barrera: Utilice siempre guantes de goma o plástico y mascarillas. Al finalizar, lave las manos con los guantes puestos antes de desecharlos.
Control de Accesos: Selle grietas superiores a 6 mm con lana de acero o cemento y mantenga los alimentos en recipientes herméticos a prueba de roedores.
Ante un virus que ataca con tal celeridad y precisión fisiológica, la reducción de la mortalidad sólo es posible mediante la detección temprana y la implementación rigurosa de medidas de higiene que interrumpan el ciclo de aerosolización.
A pesar de que, a juicio de Castro, la situación no representaría un riesgo latente para la población, el conocimiento de esta patología y su comportamiento es clave para la evitar la exposición y preservar la buena salud.
Puerto La Cruz / Redacción web


