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Al Domingo Luciani llegaron los primeros sobrevivientes de La Guaira: "Era desesperante"

junio 26, 2026

Edgar está trabajando hoy como ridery porque no quiere estar en su casa pensando y viendo videos. «Lo que yo vi en La Guaira no tiene nombre», dice. Cuando ocurrió el terremoto estaba llevando a una pasajera de La Guaira a Caracas. «Eso fue horrible. Salí a trabajar porque en la casa lo que hago pensar en el trauma. Eso era gritos, la gente en los edificios gritando, los niños corriendo. Yo me traje cinco muchachos, cuatro eran unos niños. Los dejé en Caracas. Eso era desesperante, desesperante. Yo creo que Dios fue quien me dio la fuerza».

En el Hospital Domingo Luciani filas de motorizados llegan a cada segundo. Traen agua, comida y algunos víctimas del terremoto. Son las 4:05 pm y no paran de llegar ambulancias. La mayoría vienen de La Guaira, donde el sismo la tragedia con más fuerza.Johan Gil, de 29 años, logró rescatar a su prima después de cuatro horas de búsqueda debajo de los escombros. Helari Rodríguez, 34, vivía en Residencias Belo Horizonte, en la torre B, piso 14, en Catia La Mar. «Cuando nos vio nos reconoció a todos, gracias a Dios», dice Johan.

Su familia sabía que estaba viva luego del terremoto, pero tenía tantos escombros encima, que no podían acceder a su lugar. A las 4:00 de la mañana, como pudieron, bajaron varios amigos con Johan para comenzar las labores de rescate. Él y su familia tiene una empresa de publicidad, y en la madrugada, buscaron herramientas para sacarla de los escombros.

En su teléfono, su también primo Diego González, muestra los videos de cuando ejecutaron el rescate junto a voluntarios rescatistas. «Ya lo peor pasó, Helari está viva», dice en el video que muestra cuando la están bajando en una camilla de una montaña de escombros. Ahora Diego trabaja como voluntario trayendo insumos y movilizando gente para lo que sea necesario.Domingo Luciano Clavel Rangel 25 unio 2026En el Domingo Luciani la ayuda no para de llegar. Son personas particulares que traen agua, que hicieron arepas o arroz con pollo para traer a las víctimas y al personal de asistencia. Algunos llegan en moto con carteles escritos a mano en papel bond que dice «Unidos somos más». La solidarida llega con sonido a bocinas y gente que grita: «donaciones, donaciones».

Nora González es una de ellas. Vive en Caucaguita, y luego del terremoto, dice que agradecieron a Dios porque no sufrieron daños.Este jueves hicieron más de 100 arepas, y con su familia, las trajo al Hospital para ofrecerlo a a las afueras del reciento. «Entre el miedo y la cosa, una vecina nos convocó y nos pusimos a colaborar».

David Guevara busca en la listas escritas a mano afuera del hospital a ver si encuentra a su tía Andrea Laya y Gabriela Teri, ambas vivían Macuto, la Guaira, en Residencias Las Palmas. A su sobrino, Sebastian, de 7 años, fue rescatado con vida y está en quirófano con lesiones en brazos y piernas.«Hemos hablado con vecinos, pero a ellas dos no las consiguen», dice cuando muestra fotos que subieron a redes sociales con la inscripción de desaparecidos.Cada vez llegan más personas a leer en las listas de pacientes que han ingresado al hospital. La información es escasa, como lo es el acceso a internet y la estabilidad de las líneas telefónicas.

Un estudiante de cuarto año de medicina, que prefiere no dar su nombre por temor a represalías, espera fuera del reciento. Su jornada comenzó a las 8 am. Antes no había nada del hospital, pero siente ue la parte buena es que en la emergencia todo el mundo ha traído ayuda, que va desde agua, arepas y comida. «Todas las personas colaborando me da mucha esperanza», dice. Pero lo que más escasea, o al menos era así antes del terremoto, son analgesicos, suturas y gasas. «Tenemos muy poca infrastructura para esto (…) Yo viví en Mexico 4 años, y un terremoto como este no causa el daño que causó aquí». «Ahorita seguro vamos a tener ayuda, pero en tres días seguro está escaso de nuevo», agrega.

Rotny Bombart, 33 años, se recupera a las afueras del hospital. Está temblando, y mientras narra lo ocurrido, se quiebra. Tiene una gasa cubriendo una herida en su brazo derecho, pero nada más.

Es paramedico, y vivía en el OPP 33, un edificio en La Guaira. «Tiene 15 pisos, o mejor tenía, porque ya no queda nada».Pasó casi cinco horas bscando a su madre, Maria Eugenia. Cuando gritó au nombre, ella no respondió y la dio por muerta. No recuerda exactamente pero cree que logró rescatar más de ocho personas. Hasta que oyó la voz de auxilio de su madre, y recuperó el aliento: supo que estaba viva.

«La mantuve consciente todo el tiempo y ahora está acá en el hospital».Rotny dice que nadie vino a ayudar en principio, nadie de auxilios estatales. Eran solo los vecinos sobrevivientes tratando de rescatar cuando caía la noche.

«Uno está preparado para emergencias, pero no para esto. Nada te prepara para esto», dice al tiempo que recuerda que había cuerpos desmembrados, personas muertas, niños.

«Pudiésemos ir al hospital de La Guaira, pero allí no hay nada. Es poner a la gente en el piso y ya, pero no hay nada, por eso vinimos para acá, porque tiene más capacidad».

Caracas / TalCual

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