
Era un miércoles, finalizaba el año escolar y muchos estudiantes iban a los planteles a buscar notas o finalizar algunas tareas pendientes.
A las 3:23 de la tarde, todo el estado Sucre sintió el rugido de la tierra, con un terremoto de 6.9, con epicentro en la población de Cariaco, en el municipio Ribero.
El sismo tuvo una profundidad de 20 kilómetros y duró 51 segundos, que bastaron para que 73 personas perdieran la vida y otras 500 resultaran heridas.
El impacto del terremoto, que se produjo por la ruptura de 80 kilómetros de la falla de El Pilar, que recorre la entidad de este a oeste, se sintió con particular saña en el liceo Raimundo Martínez Centeno y en la escuela Valentín Valiente de Cariaco; así como en el edificio Miramar de Cumaná, los cuales colapsaron totalmente y concentraron la mayoría de las víctimas.
Unas 2 mil estructuras entre viviendas y otras edificaciones resultaron destruidas en 53 localidades de la entidad, mientras que 300 escuelas fueron afectadas y 29 debieron ser reconstruidas totalmente. Unas 4 mil viviendas sufrieron daños y requirieron reparaciones.
La huella y el impacto del terremoto de Cariaco es aún palpable en la sociedad sucrense, que no pasa un 9 de julio sin recordar algunos de sus días más grises en su historia reciente.

Miguel Vásquez era el alcalde de Cariaco para el día del terremoto y 29 años después su mensaje es para que se priorice la formación, ante la condición sísmica del país.
“Lo que tiene que valer es que la educación y la cultura sísmica sea asumida desde el Estado como obligatoriedad. En los pensum, en los programas de estudio desde preescolar, de primaria, de bachillerato y hasta la universidad”.
Recordó que en Cariaco la experiencia sirvió para crear el “aula sísmica”, que lleva el nombre de la maestra Madeleidi Guzmán, docente siempre recordada porque ya estaba a salvo y fuera del salón donde daba clases en la escuela Valentín Valiente, pero se devolvió a buscar a dos niñas que se quedaron atrapadas.
La acción sirvió para que protegiera a las dos pequeñas, pero el cuerpo de la maestra soportó el desprendimiento de una viga que le costó la vida.
Vásquez señaló que el aula sísmica funciona, pero debe extenderse su acción de forma obligatoria, a través de un programa que incluya a la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) y el ministerio de Educación, para que se asuma la cultura sísmica de una vez por todas.
Dijo Vásquez que la tragedia del doble terremoto nos pone en la perspectiva de formar a la población para enfrentar estas contingencias de forma efectiva. “Vamos a vivir con ese karma. Bueno, preparemos, asumamos la responsabilidad, y junto a eso el Estado debe hacer las inversiones necesarias y definitivas en el tema de los equipamientos y de las nuevas tecnologías para los grupos de rescatistas venezolanos, que son excelentes”.
Considera que las autoridades deben entender que los primeros socorristas salen de la comunidad. “El pueblo está allí y hay que darle vida a través de sus estructuras comunitarias”.
Félix León, comandante de los Bomberos de Cariaco, dijo que la fecha es propicia para hablar de la cultura de prevención, y en esa dirección, formar a las comunidades para que sean las primeras en responder a los sismos de forma adecuada.
“Queremos sembrar una cultura preventiva, sabiendo que vivimos en una zona de alto riesgo sísmico y es necesario que las comunidades estén preparadas para dar una respuesta inmediata ante cualquier situación que pudiera ocurrir”.
Lo que ocurrió en La Guaira, dijo el jefe de bomberos, debe servir como experiencia y seguir capacitando a las comunidades. Abogó para que se incluya en el sistema educativo una cátedra sobre la gestión de riesgos.

Sucre / Yumelys Díaz


