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La generación del tobito: niños que crecen en medio de la crisis hídrica en Cumaná

junio 10, 2026
La búsqueda de agua se ha convertido en parte de la rutina diaria de muchos niños cumaneses / Foto: Lino Castañeda

Mientras otros niños pasan sus tardes jugando fútbol, montando bicicleta o viendo televisión, muchos pequeños de Cumaná, capital del estado Sucre han incorporado a su rutina una actividad que nunca debió formar parte de su infancia: buscar agua.

Con tobos en las manos, acompañando a sus padres a llenar recipientes o esperando durante horas la llegada de un camión cisterna, cientos de niños han visto transformada su cotidianidad debido a la prolongada crisis hídrica que afecta a los municipios Sucre, Bolívar y Cruz Salmerón Acosta.

Lo que para generaciones anteriores era tan simple como abrir un grifo, para muchos menores hoy representa una tarea diaria cargada de esfuerzo físico y preocupación.

En sectores como La Llanada, Caigüire, Los Chaimas, Campeche y distintas urbanizaciones de La Primogénita, nombre por el que también es conocida Cumaná, es común observar a niños trasladando envases pequeños con agua o colaborando en las largas jornadas de almacenamiento cuando, eventualmente, llega el recurso.

“Mi hijo tiene ocho años y ya sabe que cuando avisan que llegó el agua hay que correr. Él me ayuda a llenar los tobitos pequeños porque yo sola no puedo. A veces me pregunta cuándo volveremos a tener agua todos los días”, comentó Mariana Figuera, madre de dos niños y residente de la ciudad.

La emergencia hídrica, que supera los tres meses, tras la falla estructural registrada en el túnel Guamacán del sistema Turimiquire, ha obligado a las familias a reorganizar completamente sus dinámicas. Los fines de semana, que anteriormente estaban destinados al descanso o la recreación, ahora suelen emplearse en la búsqueda y almacenamiento del líquido.

Además del desgaste físico, los representantes consideran que esta situación también está impactando el bienestar emocional de los menores, quienes han crecido en medio de una crisis que limita actividades propias de su edad.

Muchos niños han normalizado escenas como hacer filas junto con sus padres para llenar envases, recorrer otras comunidades donde ocasionalmente sale agua por tuberías o despertarse de madrugada para aprovechar el suministro temporal.

“Mi hija tiene 10 años y siempre pregunta si ese día va a haber agua. Cuando escucha que llegó una cisterna se pone feliz porque sabe que podrá bañarse tranquila o ayudarme a lavar los uniformes”, expresó otra de las madres consultadas.

Aunque las autoridades regionales han informado sobre los avances en los trabajos de rehabilitación del sistema hídrico y mantienen activo un plan de contingencia mediante camiones cisterna, la incertidumbre persiste entre las familias cumanesas, especialmente por la falta de una fecha concreta para la normalización del servicio.

Mientras tanto, una nueva generación continúa creciendo entre tobos, envases y largas jornadas dedicadas a resolver una necesidad básica.

Cumaná / Lino Castañeda

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