
Un bajón de luz o un apagón repentino son las señales que ponen a correr a los habitantes de El Tigre, estado Anzoátegui, para desenchufar sus aparatos y salvarlos de los daños que pueda ocasionar la inestabilidad del sistema eléctrico.
Esta costumbre se adopta en los hogares como una especie de deporte extremo, con el que los ciudadanos intentan proteger sus bienes para evitar gastos ante las maratónicas fallas de energía, que se registran hasta por seis horas diarias.
Ruth Moreno, habitante del sector Simón Bolívar I, contó que cuando se va la luz en su comunidad lo primero que hace es reaccionar con un ligero grito de desesperación. Luego, emprende un recorrido por su residencia para desconectar los equipos antes de que vuelva la energía de forma repentina y cause alguna afectación.
Moreno aseveró que la incidencia somete a las personas a un trauma colectivo y a una hipervigilancia sobre el momento en el que se quedarán sin servicio eléctrico. "Entonces te preguntas si te da tiempo de lavar, de bañarte o de bañar a los niño", precisó.
Para muchos, la preocupación no se reduce a que un electrodoméstico deje de funcionar, es el hecho de tener que invertir una cantidad considerable de dinero para reponerlo y no contar con el presupuesto que se requiere.
Norberta Rivas, es una adulta mayor que reside en Pueblo Nuevo Norte, y aunque no se ha averiado ninguno de sus aparatos, vive con la angustia de que si eso llegase a pasar la pensión que percibe ni siquiera le alcanzaría para cubrir la necesidad.
"Por eso salimos rápido a desconectarlos y pendientes de cuando llegue la luz para volver a enchufar, pero al rato, no al instante", explicó.
Euclides Carmona, habitante de Simón Bolívar I, agregó que esta dinámica acelerada también representa un peligro sobre todo para las personas de la tercera edad.
"Corremos a desconectar los aires, la nevera, que no está muy buena y el televisor por si acaso (…) De repente son las 7:00 de la noche y usted corrió, se enredó, se cayó o se aporreó y termina en un hospital", expuso.
En esta lucha, Tomás Hernández, residente de Pueblo Nuevo Norte, no corrió con suerte. Su nevera dejó de funcionar hace dos días tras ocurrir un apagón en su zona, a pesar de contar con un dispositivo de protección.
Ahora hace un mayor esfuerzo por desconectar a tiempo, pero esto mientras esté en casa. Si la energía falla en su ausencia aumenta la vulnerabilidad para sus equipos. "Porque quién los desenchufa", comentó.
Las comunidades afectadas coinciden en que la contingencia eléctrica sería más llevadera si se aplicaran cortes programados y su cronograma se difundiera antes de cortar el servicio. Asimismo, criticaron que en ocasiones solo les llega un mensaje de texto avisando sobre paradas por administración de carga, pero sin especificar la zona ni el horario real en el que se hará la interrupción.
El Tigre / Damary Díaz


