
Más allá de la escasez de agua potable y las dificultades para realizar las actividades cotidianas, la prolongada crisis hídrica que enfrenta Cumaná, estado Sucre, ha comenzado a reflejarse en otro aspecto de la vida de sus habitantes: su salud mental.
Luego de más de tres meses con un suministro irregular del servicio, numerosos ciudadanos aseguran vivir en un estado permanente de preocupación, ansiedad y agotamiento, al no saber cuándo volverán a tener acceso al recurso indispensable para cocinar, bañarse, limpiar sus hogares o simplemente hidratarse.
En distintos sectores de esta ciudad del municipio Sucre, la rutina ha cambiado por completo. Los fines de semana, que antes representaban días de descanso o recreación familiar, ahora se convierten en jornadas dedicadas a recorrer comunidades donde eventualmente llega agua por tuberías, hacer largas filas para llenar recipientes o esperar durante horas el arribo de un camión cisterna.
Berta Serrano, residente de la urbanización Lomas de Ayacucho de la parroquia Altagracia, comentó que la incertidumbre se ha convertido en parte de su vida diaria.
“Uno se acuesta pensando si al día siguiente llegará el agua o si tendrá que salir otra vez a buscarla. Ya no descansamos, vivimos pendientes del teléfono, de los grupos de WhatsApp y de cualquier información sobre una cisterna. Es un desgaste mental enorme”.
Por su parte, Jesús Enrique Rojas, habitante del sector Caigüire, de la parroquia Valentín Valiente, aseguró que la situación también ha afectado la convivencia familiar.
“Todo gira alrededor del agua. Si llega una cisterna dejamos lo que estamos haciendo para correr a llenar los recipientes. Ya no compartimos igual con la familia porque siempre estamos preocupados. Vivimos con estrés”.
Personal de la salud, explicó que este tipo de emergencias prolongadas suele generar altos niveles de ansiedad e incertidumbre, debido a que las personas pierden el control sobre aspectos esenciales de su vida cotidiana.
“La falta de acceso a un recurso básico como el agua puede provocar estrés crónico, irritabilidad, alteraciones del sueño, agotamiento físico y emocional, e incluso síntomas depresivos cuando la situación se mantiene durante largos periodos”, indicó el médico general Jesús Brito.
Mientras continúan los trabajos de recuperación del sistema Turimiquire y el suministro mediante camiones cisterna, los habitantes coinciden en que la incertidumbre sigue siendo uno de los mayores desafíos.
Para muchos cumaneses, la crisis ya no solo se mide en los días sin agua por tuberías, sino también en el cansancio emocional acumulado tras meses de modificar por completo su rutina, sacrificar el descanso y vivir pendientes de conseguir el recurso más indispensable para la vida.
Cumaná / Lino Castañeda


