Este domingo culminó el Carnaval en Barcelona con el “Entierro de la Sardina”, una manifestación cultural que se realiza desde hace más de medio siglo en la capital anzoatiguense.
Carmen Boada, quien año tras año busca impulsar esta celebración siguiendo el legado de Jesús “Chuíto” Lamar, comentó que “la octavita”, como también se le conoce, reúne a cientos de personas para darle fin a las fiestas carnestolendas.
“Es algo maravilloso, porque eso trae alegría, amistad, cariño…”, expresó Boada, de 88 años, mientras recordaba a Lamar, el pionero de esta actividad, que aunque no tuvo sus orígenes en Venezuela fue adoptada por los vecinos del sector La Matanza.
La señora Dinora Guevara, habitante de dicha comunidad, sugirió a las instituciones educativas de Anzoátegui que inculquen a las nuevas generaciones las tradiciones culturales del estado y de Venezuela, para que estas perduren con el pasar de los años.
El “Entierro de la Sardina” se trata de un peculiar acto fúnebre en el que una viuda y un sacerdote, al ritmo de la samba, van guiando el sepelio hasta el puente Monagas, lugar donde se arroja al río Neverí un féretro de cartón en forma de pez.
Se dice que dentro la sardina hay una recompensa, cuyo merecedor será quien se lance al agua y la atrape. Sin embargo, este año, por “medidas de seguridad”, no se realizó este paso.
Cabe mencionar que en los últimos meses, transeúntes han reportado la presencia de caimanes en la riberas del río Neverí. Aunado a eso, asistentes indicaron que “el río estaba bajito” y esto representaría un peligro para quienes se atrevieran a saltar desde el puente.
Barcelona / Carlos Morales