
Francia vivió este sábado una jornada de protestas masivas en todo el país, convocadas en redes sociales, que derivó en incendios, destrozos y saqueos de edificios públicos y comercios. Según la agencia EFE, hasta las 20:00 horas (hora local) las fuerzas del orden habían practicado unas 400 detenciones, una cifra provisional, pues los incidentes seguían en curso y no se descartan más arrestos tras revisar las cámaras de seguridad.
Entre los daños más graves está el Ayuntamiento de Limoges, en el centro del país, que ardió en llamas. Inaugurado en 1883, “está prácticamente destruido”, declaró el prefecto de Haute-Vienne, Maurice Barate.
Los ayuntamientos de Marsella y Lille también sufrieron daños al ser forzados por grupos de manifestantes. Además, se incendió una oficina de turismo en Lyon y la fachada de un edificio universitario en Ruán, y fue asaltada la residencia de la prefecta de Burdeos.
En París hubo incendios y saqueos de comercios en varios barrios, incluido el distrito de los grandes almacenes. El alcalde, Emmanuel Grégoire, denunció que “calles enteras” fueron “sistemáticamente devastadas” y estimó que el saldo será “grave” y “de inmensa magnitud”, con daños en espacios públicos y monumentos. Los destrozos podrán cuantificarse a partir del domingo.
La convocatoria circuló en redes sociales, impulsada por jóvenes en plataformas como TikTok y con el chaleco amarillo como símbolo, sin el respaldo declarado de partidos ni sindicatos. Evocaba el movimiento de los “chalecos amarillos” de 2018-2019, que nació por el alza del precio del combustible.
El malestar de ahora responde a varios factores. Uno es el encarecimiento de los combustibles y del costo de la vida, con bloqueos de pescadores en puertos, refinerías y depósitos durante la semana. Otro es el plan del Gobierno de buscar unos 54.000 millones de euros en ahorros para el presupuesto de 2027, en un país con el mayor déficit de la eurozona.
A eso se suma la ola de protestas estudiantiles desde finales de septiembre, por la falta de profesores y recursos y las aulas masificadas.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, atribuyó los ataques a “varios miles de alborotadores”, entre grupos de ultraizquierda y “delincuentes oportunistas”. El presidente Emmanuel Macron aseguró que en Francia no hay “ningún lugar para la violencia” y que habrá castigos para los autores de destrozos y saqueos. También advirtió que habrá “un frente unido” ante quienes “siembran el caos” y dificultan que otros expresen pacíficamente sus reclamos.
El presidente de la Federación de Comercio y Distribución y consejero delegado de Carrefour, Alexandre Bompard, condenó “en los términos más enérgicos posibles” los daños y saqueos, que dijo han tenido “graves consecuencias para muchos negocios” en todo el territorio.
Las marchas reunieron a cientos de miles de personas, según indicó el primer ministro, Sébastien Lecornu. La violencia generó un cruce político entre el Gobierno, el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon, que había apoyado las marchas y se desmarcó de los saqueos, y la ultraderecha de Marine Le Pen. Mélenchon, a su vez, criticó la gestión policial del día.
París / Redacción Web


