
El homenaje a la 'cultura picotera', relacionada con los 'picós', los enormes parlantes usados para amenizar bailes populares en la costa atlántica colombiana, fue este lunes el tema central de la Gran Parada de Comparsas, el tercero y último desfile en el Cumbiódromo del Carnaval de Barranquilla.
El desfile fue una explosión de fantasía, música, brillo y alegría alrededor de los 'picós', símbolos sonoros de la cultura barranquillera que marcan el goce popular y la creatividad caribeña.
Los 'picós', que toman su nombre de las camionetas 'pick up' en los que son transportados los parlantes hacia los bailes populares, son estructuras que llegan a superar los dos metros de alto y los cuatro de ancho y que emiten sonidos a altos decibelios. Estas cajas de sonido son decoradas con dibujos extravagantes y coloridos, a veces con pinturas sicodélicas y luces LED en las que sobresalen figuras africanas, animales, elementos bélicos o temas fantásticos.
Por lo general, cada 'picó' tiene un nombre y algunos de los más reconocidos son El Timbalero, El Coreano, El Rey de Rocha y el Isleño, que pasaron de ser simples sistemas de sonido artesanales a consolidarse como un icono cultural que no falta en las fiestas callejeras.
En esta ocasión, las comparsas a cargo de más de cien grupos de bailarines convirtieron la calle en una gran pista de baile bajo el aplauso de miles de asistentes que coreaban cada una de las canciones que suenan en este carnaval.
Con un vistoso vestuario inspirado en la biodiversidad del Caribe para resaltar la importancia de proteger el medio ambiente, la reina del Carnaval de Barranquilla, Michelle Char Fernández, encabezó el desfile en el cual se mezclaron los elementos folclóricos tradicionales con nuevas tendencias.
La soberana de las fiestas populares más importantes de Colombia lució un vestido de cristales y perlas, de color plateado, lleno de plumas blancas, amarillas y negras, con un elegante penacho que coronaba una cabeza de pájaro que se formaba al juntar sus manos.
Mientras la temperatura llegaba a los 33 grados centígrados, con una sensación térmica de 40, los grupos de bailarines y músicos transformaron la calle en un río de magia y colorido que reunió el talento y la creatividad de las comparsas.
Grupos tradicionales, como los de marimondas, negritas puloy y monocucos, mostraron la cultura y el ingenio del carnaval, fiesta declarada en el año 2003 por la Unesco Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Además de los desfiles por el cumbiódromo, en el Carnaval se llevan a cabo otros multitudinarios eventos como el Festival de Orquestas Baila La Calle, el Festival de Comedias, la Carnavalada, y el entierro de Joselito, además de bailes populares en cada uno de los barrios.
Barraquilla / EFE


