La tradicional marcha por la concienciación del autismo en Carúpano, estado Sucre, se realizó este miércoles desde la plaza Bolívar, por la calle Juncal hasta el Ateneo Luis Mariano Rivera, donde se llevó a cabo una actividad cultural, con la participación de cultores y agrupaciones de danza.
Luis López, director del Centro de Atención Integral para las Personas con Autismo (Caipa), dijo que la marcha, que se denominó “Caminemos por el autismo”, se realiza por tercera ocasión y busca aupar la conciencia de la población en general, en cuanto a esta condición.
Igualmente, dijo López, la intención es que se respeten los derechos de quienes tienen autismo, tanto en lo social, lo escolar y lo comunitario.
Con actividades como las de este miércoles, explicó el director del Caipa, buscan aportar un grano de arena en materia de visibilización del problema, pero también en el cambio del trato a las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
En la marcha participaron las instituciones del Circuito 17, así como las escuelas del Centro para la Calidad Educativa en el municipio Bermúdez.
En el Caipa, especificó López, se atienden a unos 152 niños y adolescentes en edad escolar, tanto del municipio Bermúdez como de Andrés Eloy Blanco. La institución no se limita a este territorio, porque acuden casos desde todos los municipios del eje Paria para ser atendidos por psicopedagogos, maestros y psicólogos que forman parte de la plantilla del Caipa.
Pero la participación más significativa fue la de madres y padres con sus niños y adolescentes con TEA, quienes hicieron una marcha colorida y alegre hasta el ateneo, a lo largo de las calles Juncal, Güiria y Carabobo.
Jean Marco Salazar, un niño de 8 años de edad con autismo diagnosticado cuando era un bebé, expresó su alegría por estar en la actividad y llamó a las personas a entender y tratar con respeto a quienes tienen esta condición.
El niño es un músico consumado, que toca cuatro con mucha habilidad y tiene una destreza manifiesta para aprender matemáticas. Pero su caso es uno de los tantos que trata el Caipa y que tiene sus particularidades, porque cada uno es distinto y se distingue del otro.
María Cedeño, madre de un niño de cinco años, con quien marchaba, dijo que su hijo es “un regalo de Dios” y expresó su emoción por estar en la actividad.
Era la tónica de padres y maestros, como la docente del Caipa, Noelia Vital, quien llamó a sus colegas a tratar a estos niños con amor y a ejercer la carrera con empatía. “Hay que tener una gran vocación para trabajar con ellos, porque lo que necesitan es amor, tolerancia y respeto”.
Bermúdez / Yumelys Díaz