
Vivir con insuficiencia renal es estar atado a una rutina médica demandante para procurar una salud estable. En El Tigre, zona sur del estado Anzoátegui, la diálisis no solo representa ese tratamiento que reemplaza una función vital, sino la lucha diaria contra la precariedad de un sistema en crisis.
La Unidad de Diálisis Care es un centro extrahospitalario contratado por el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss) que se ubica en el Centro Comercial Rahme del municipio Simón Rodríguez y atiende a un total de 72 personas por semana, la mayor cantidad frente a otras dos unidades que prestan servicio en el eje sureño.
En este sitio, hace al menos cinco años, las fallas operativas empezaron a manifestarse en serie, pasando por situaciones como el daño de aires acondicionados, máquinas, camas y el éxodo de personal por bajos salarios.
Para Luis Maza, presidente del Comité de Usuarios de la Unidad de Diálisis, quien también lleva nueve años como paciente, el principal problema es la administración del lugar.
"Siempre hay fallas, hay fallas como cuando se van los médicos por falta de pago, porque no les pagan completo, las enfermeras se quejan de que les pagan un “cestatriste” (cesta ticket) de 5 mil bolívares. De verdad que el problema es la administración de la unidad de diálisis porque demoran demasiado en resolver los problemas", aseveró.
Aun con las limitaciones físicas que puedan presentar por su condición de salud, los pacientes renales han reclamado sus derechos con protestas públicas, como cierres de vía.
La última de estas manifestaciones se produjo en julio de este 2026, para denunciar que las 14 máquinas del centro estaban paralizadas por averías eléctricas.
"Hemos tenido que hacerlo por la situación crítica de la Unidad de Diálisis", añadió Vidal Malaver, vicepresidente del Comité de Usuarios de la Unidad de Diálisis.
El colapso eléctrico que se vive en el país tampoco perdona a los enfermos renales. Durante los apagones, la planta de respaldo del centro médico solo activa las máquinas de diálisis, dejando por fuera al sistema de climatización y empujando a los pacientes a recibir sus terapias en medio del calor.
"Si la planta no enciende rápido la sangre se coagula, el calor, porque los aires no encendieron, nos sofoca, no hallamos cómo hacer, nos desesperamos. Con ese calor también se infectan los catéteres", explicó Luis Maza.
Julián Hernández, paciente renal, relató que para no sucumbir a las altas temperaturas el método más sencillo al que recurren los enfermos es ventilarse con pedazos de cartón.
La gestión de los mismos usuarios consiguió que la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) excluyera al centro asistencial de los racionamientos de energía, pero esta solución solo se mantuvo estable una semana y los cortes de luz continúan oscureciendo los tratamientos.
Para suplir momentáneamente la falta de personal, el Instituto de Salud del estado Anzoátegui (Saludanz) asignó una comisión de servicios de médicos y enfermeras del Hospital de la ciudad a la unidad de diálisis. Sin embargo, en esta lista no se incluyó el servicio de limpieza.
"Entonces ahorita los pacientes y familiares tienen que limpiar la unidad y eso por supuesto crea problemas de salud. Los baños están sucios, todo está sucio", apuntó Vidal Malaver.
Por esta razón, otra escena surgió en el centro de diálisis, cuando una filtración provocó un derrame de agua en las instalaciones y ante la ausencia de mantenimiento, los enfermos se vieron obligados a secar el piso.
Malaver recordó que en un par de ocasiones la desesperación llevó a los pacientes a cubrir los honorarios del personal de enfermería, una medida que, afirma, no pueden tomar ahora para la limpieza por sus bajas posibilidades económicas.
A las mencionadas deficiencias se suma otra variable compleja: el costo de los exámenes de laboratorio, que dejaron de subsidiarse en el recinto. Ahora los pacientes gastan entre 80 y 100 dólares mensuales para vigilar su estado de salud.
El doctor Félix Freites, médico nefrólogo e intensivista de la Unidad de Diálisis, explicó que los altos precios retardan la realización de los análisis. "Y aquí en la diálisis necesitamos esos paraclínicos para reajustar el plan terapéutico dialítico y poder mantener al paciente en buenas condiciones", mencionó.
La estrategia que ve el paciente Alexander Olivo para cumplir con este requisito, sin tener que gastar tanto, es viajar al vecino estado Bolívar.
"Es un poco más flexible, viajo constantemente para hacerme los exámenes allá y regresar de una vez porque aquí en El Tigre los laboratorios son más costosos", añadió.
La esperanza más palpable que visualizan los enfermos renales de la zona sur de Anzoátegui es la instalación de un nuevo servicio de diálisis en el Hospital Dr. Felipe Guevara Rojas de El Tigre, una obra que, según la promesa gubernamental estaría lista para noviembre de este mismo año.
Mientras tanto, en Diálisis Care, la necesidad sigue en aumento, las sesiones por paciente disminuyeron de cuatro a tres horas y en contingencias apenas completan las dos horas.
Usuarios y familiares reconocen que han recibido ayudas del gobierno, pero describen la realidad de este espacio como un barco a la deriva en el que urge un soporte más eficiente.
El Tigre / Damary Díaz


