
Tras su regreso al país, el economista y exparlamentario José Guerra señaló que el problema fundamental de la economía venezolana, por encima de cualquier diatriba política, es la inflación.
Con una tasa anualizada que ronda el 632%, Guerra advierte que Venezuela padece una “inflación muy alta” que pulveriza el ingreso de los trabajadores y exige un plan de estabilización urgente, explícito y consensuado.
A pesar de percibir una evidente “distensión política”, que le permitió volver al país y la liberación de presos políticos, Guerra advirtió que las expectativas de inversión aún no se materializan y que el bienestar económico no llegará al bolsillo de los ciudadanos mientras no se derrote el flagelo de la inflación.
Para Guerra, bajar la inflación es la mayor política social posible, ya que es el único camino para detener la caída del ingreso real y permitir que el crecimiento económico se sienta en el “bolsillo de la gente”. Su llamado es a un liderazgo responsable que presente un programa de gobierno claro, capaz de generar esperanza y estabilidad en un contexto de cambio inclusivo
La política actual del Banco Central de Venezuela (BCV) es insuficiente y contradictoria, pues mientras inyecta dólares para frenar el tipo de cambio, emite bolívares para financiar el déficit de Pdvsa, lo que termina presionando nuevamente la devaluación. Ante esto, su propuesta se estructura en cuatro ejes prioritarios:
“El plan requiere establecer dos “anclas”: una sobre el precio del dólar y otra sobre la emisión monetaria. Esto debe acompañarse de una reforma a la Ley del Banco Central que prohíba terminantemente el financiamiento monetario a PDVSA”
Adicionalmente, el economista propone la implementación de una regla fiscal que acote el gasto y el endeudamiento del gobierno para evitar el financiamiento inorgánico.
Guerra considera clave alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para acceder a unos 10 000 millones de dólares entre fondos de asignación por COVID y líneas de crédito rápido. “Estos recursos servirían para fortalecer las reservas internacionales y dar credibilidad al tipo de cambio”, indicó.
Finalmente sugiere la creación de un “superministro” de Economía con plenos poderes y alta calificación técnica para dirigir estas medidas.
El aspecto más innovador de la propuesta de Guerra no es meramente técnico, sino político: la necesidad de un Acuerdo Nacional Antiinflacionario. Según el experto, para que un plan de este tipo sea exitoso, debe ser una política de Estado suscrita por el gobierno, la oposición y el sector privado.
La importancia de este consenso radica en la credibilidad. “Si el público considera que esta política… no es sostenible, va a seguir comprando dólares”, explica Guerra. Un acuerdo nacional enviaría una señal de permanencia a los agentes económicos, permitiendo que las expectativas de inflación se corten de raíz.
Sobre la persistente propuesta de dolarizar formalmente la economía, Guerra se mostró cauteloso. Aunque reconoció que es la vía más rápida para bajar la inflación , advirtió sobre sus costos a largo plazo, como la pérdida de herramientas para enfrentar crisis externas o la tendencia al estancamiento económico, citando el caso de Ecuador.
“Tenemos una dolarización de facto, pero no de derecho. Desmantelar el Banco Central y renunciar a la moneda propia es una decisión compleja que requiere un debate muy cuidadoso”.
En el plano político, Guerra aclaró que su regreso al país no estuvo condicionado por ninguna negociación oculta con el Ejecutivo. “Yo no me entendí con nadie; me entendí con la ley” , afirmó, detallando lo engorroso y desgastante que ha sido el proceso en los tribunales para activar el salvoconducto que hoy posee.
Finalmente, de cara al escenario político actual, el economista insistió en que la prioridad de toda la oposición debe ser confluir en una ruta electoral que relegitime la Presidencia de la República. Sostuvo que la oposición debe unirse en un “programa mínimo” que incluya temas como la pobreza, la política petrolera y la equidad. Finalmente señaló que el cambio en Venezuela tiene que ser inclusivo y que “las experiencias históricas nos enseñan que no se puede llegar al poder con cuentas por cobrar si se quiere dar estabilidad al país”.
Caracas / Runrunes


