
La crisis hídrica en el estado Nueva Esparta ha alcanzado niveles críticos y se consolida como la principal amenaza para la salud pública en la región insular. El presidente del Colegio de Médicos de la entidad, José Antonio Narváez, lanzó una seria advertencia sobre el impacto devastador que la falta de agua potable está generando tanto en la salud general de la población como en el funcionamiento diario de la red hospitalaria.
Esta problemática histórica se agudizó de forma dramática en los últimos cinco meses a raíz de la rotura del túnel trasvase del embalse Turimiquire, una falla estructural que ha dejado a diversas comunidades insulares sumidas en agobiantes ciclos de espera de hasta 120 días sin recibir el servicio por tubería.
El representante gremial precisó, desde Porlamar en Mariño, que la falta de acceso continuo al recurso vital se traduce en un preocupante repunte de patologías en la población general. Los reportes médicos reflejan un aumento sostenido de las enfermedades en la piel por dificultades para mantener una higiene adecuada, así como un incremento severo en los casos de deshidratación. Esta última situación genera una alarmante elevación en las cifras de morbimortalidad entre los sectores más vulnerables de la sociedad, afectando principalmente a los niños y a los adultos mayores de la región.
A la escasez del suministro se suma una preocupante ineficiencia en la red de distribución hídrica. Citando informes de especialistas, Narváez destacó que en la isla se pierde más del 80% del agua potable que logra llegar, debido al avanzado estado de deterioro que presentan las tuberías principales y secundarias. Ante este panorama, el vocero instó urgentemente a las autoridades competentes a tomar medidas correctivas e inversiones en infraestructura que permitan reducir y fijar los ciclos de distribución a lapsos menores de 15 días.
La escasez hídrica repercute además de manera directa en la operatividad de los centros asistenciales de la región, comprometiendo gravemente los protocolos de asepsia e higiene. La carencia de agua en los recintos hospitalarios genera un aumento considerable en la propagación de enfermedades infecciosas, multiplica las complicaciones posoperatorias y prolonga significativamente el tiempo de estancia de los pacientes debido a la reaparición de infecciones intrahospitalarias.
Esta crisis se desarrolla en un contexto de deterioro continuo de la infraestructura asistencial y escasez crónica de insumos médicos.
Narváez señaló que estas fallas sistémicas obligan a los familiares de los pacientes a asumir entre el 50% y el 80% de los costes operativos del proceso de hospitalización, teniendo que financiar de sus propios bolsillos desde medicamentos y material médico quirúrgico básico hasta la alimentación diaria de los enfermos internados.
Nueva Esparta / Mario Guillén Montero


