Un balazo en el pecho bastó para segarle la vida a José Menelis Guerra Carvajal, de 20 años de edad, quien al parecer sostuvo, a las 7:00 de la noche de este viernes, un enfrentamiento con comisiones de la Policía del estado Anzoátegui (Polianzoátegui) y del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en El Tigre.
Según declaró el director del Centro de Coordinación Policial (CCP) de Polianzoátegui, comisionado José Romero Peña, los funcionarios realizaban labores de patrullaje por la calle Meneven del barrio de igual nombre cuando observaron en actitud sospechosa al hombre, a quien le dieron la voz de alto.
“Guerra, quien supuestamente era uno de los jefes de la banda de “el rosso”, hizo caso omiso y disparó. Los uniformados tuvieron que defenderse con sus armas orgánicas”.
Al sujeto lo trasladaron al hospital Felipe Guevara Rojas, donde expiró.
Romero Peña mencionó que en el sitio del tiroteo el Cicpc recolectó una escopeta marca Canaima, calibre 16 milímetros, sin seriales visbles, y un cartucho percutido.
El jefe policial expresó que el grupo delictivo de “el rosso” atracaba a los vecinos y transeúntes en los sectores Meneven, Seguro Social, San Valentín y zonas aledañas.
José Guerra tenía registro por el delito de robo de vehículo en la subdelegación del Cicpc de Tucupita, estado Delta Amacuro. Se encontraba en libertad bajo presentación ante un tribunal.
Decapitado
Otro de los líderes de la banda de “el rosso”, Rosalio Gamboa ( 27 años) fue decapitado el 14/7/2015 en Pariaguán. Su cabeza amaneció al lado del busto de Francisco de Miranda en la plaza que lleva el nombre del prócer en Pariaguán. Su cuerpo fue localizado a cuatro kilómetros, al lado de una laguna.
En esa fecha, unos vecinos que prefirieron mantenerse en el anonimato manifestaron que ese grupo delictivo presuntamene había asesinado a más de 10 personas en menos de seis meses. Al parecer también se dedicaba al robo, secuestro y extorsión.
El clan operaba en la zona desde noviembre de 2014, junto con otras dos bandas que eran controladas desde la cárcel del barrio Puente Ayala, en Barcelona.
Barcelona / Yraida Núñez