
Eran las 6:04 p.m. del miércoles 24 de junio cuando la tierra comenzó a temblar en Venezuela. Un doblete sísmico de magnitud 7,2 y 7,5 arrasó con buena parte de la costa central. Edificios, casas, vías y el sistema de telecomunicaciones colapsaron. Delcy Rodríguez, encargada de la administración de Venezuela, habló 3 horas y media después. Entonces, no había rescatistas desplegados en La Guaira, el estado que concentró la mayor devastación.
Escuchar a Rodríguez asegurar en televisión que el gobierno desplegó una movilización inmediata es una bofetada para los sobrevivientes de La Guaira. Sus testimonios implorando ayuda en las redes sociales hasta después de 72 horas y los recogidos en el terreno por El Pitazo desmienten por completo la versión oficial y pone al desnudo el abandono estatal durante las horas más críticas de la tragedia.
Luis Sardinha, un joven habitante de Caraballeda, se viralizó en redes sociales al publicar 4 videos rogando apoyo para salvar a su hermano que estaba con vida en las residencias El Molino. «Nadie da respuesta. Imagínense que no ha llegado ni un bombero a trabajar con nosotros», dijo la tarde del 25 de junio, cuando ya sumaban 18 horas después de los sismos.
El exgrandesligas Eliezer Alfonzo debió contratar maquinaria de Puerto La Cruz y movilizarlas al Hotel Eduard’s en Macuto, donde el 4 de julio aún se mantenían las labores para encontrar a su esposa e hija.
Sobrevivientes y rescatistas coinciden en que la respuesta oficial no fue inmediata como se requería. Una mujer que vivió el terror de los terremotos aseguró que sólo tres horas después de los movimientos telúricos se observaron funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana con pocas patrullas y ambulancias, que alcanzaron a trasladar a las víctimas que habían quedado visibles en la superficie.
Esa primera noche, el Estado no movió un solo escombro. Los heridos colapsaron los centros de salud que improvisaron su capacidad de respuesta: el hospitalito Dr. Alfredo Machado en Catia La Mar, el Dr. José María Vargas en La Guaira y el Dr. Rafael Medina Jiménez en Pariata.
«Se activó Protección Civil regional y municipal, junto a la red de voluntarios, operando con las uñas debido a la falta de apoyo gubernamental. Los bomberos de La Guaira, en un acto de puro heroísmo, salieron a salvar vidas como pudieron, porque ni siquiera tenían camiones ni vehículos de transporte», aseguró la sobreviviente.
Para el jueves 25 de junio, la magnitud de la catástrofe quedó al descubierto y la gente entendió que estaban por su cuenta. Pasaron 24 horas, luego 48, y los equipos pesados de la administración de Delcy Rodríguez no llegaron.
«Cuando la gente te dice que trabajó con las manos para sacar a los suyos, lo dice de forma literal», afirmó la testigo.
Ante la inacción oficial, fueron las propias familias las que empezaron a remover toneladas de concreto. «Tengo amigos que el mismísimo viernes 26 todavía estaban recuperando los cuerpos de sus padres por sus propios medios, sin ayuda de nadie».
El desamparo oficial fue también mediático. El primer día sólo hubo dos alocuciones: la del ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, a las 8:10 p.m. -2 horas después de los terremotos- y la de Delcy Rodríguez a las 9:40 p.m.
En las primeras 48 horas, no hubo presencia de ministros en los medios hablando sobre lo que ocurría, como suele hacer el chavismo ante cualquier eventualidad. No hubo una directriz pública sobre lo que se estaba haciendo en la zona cero, ni siquiera una orientación a los miles de ciudadanos que arriesgaron sus vidas por salvar a otras ante la inactividad estatal. Y es que a lo interno tampoco lo hubo.
«Los organismos de seguridad que se activaron, lo hicieron independientemente pasadas las 9:00 de la noche del 24 de junio. La primera avanzada se instaló en el polideportivo José María Vargas, a las 2:00 de la mañana del 25 de junio, pero la magnitud de lo que sucedió nos arropó. No había suficientes funcionarios ni equipos», reconoció una fuente de Protección Civil.
La primera reunión que sostuvo Rodríguez con todos los entes y organismos involucrados para la atención de la emergencia y repartir tareas ocurrió el 27 de junio, casi 72 horas después del doblete sísmico, según aseguró la fuente.
Para entonces, ya estaban los grupos de rescates internacionales en el terreno, que comenzaron labores la mañana del viernes 26, después de 30 horas. «En el terreno había 70 % rescatistas internacionales y 30 % nacionales», indicó.
Los propios rescatistas internacionales fueron testigos del caos y de la falta de mando. El líder de Topos Chile, Francisco Lermanda, denunció que militares venezolanos obstaculizaron la labor de los socorristas extranjeros y los señalaron de espionaje.
Basado en su experiencia, apuntó que la administración de Delcy Rodríguez cometió los dos peores errores en los que se puede incurrir en estos casos: politizar y militarizar la respuesta a la crisis.
El general retirado Antonio Rivero, quien hasta 2008 fue director Nacional de Protección Civil en Venezuela, considera que en la movilización oficial por los terremotos «todo falló».
«En las primeras 24 horas no hubo una respuesta real, en 48 horas no aparecía ni siquiera el director nacional de Protección Civil o el viceministro de Gestión de Riesgo».
Para el especialista, los terremotos desnudaron al gobierno y demostraron que no hubo una planificación ni preparación para atender una emergencia de esta naturaleza.
«Se abandonó la organización, planificación y preparación ante eventos sísmicos o no creyeron que una cosa de esta podía suceder. Los rescatistas nuestros no tenían equipos para ayudar a la gente. No había logística, no había combustible, no había maquinaria», afirmó.
Explicó que todos los ministerios y organismos sectoriales del gobierno forman parte de Protección Civil y tienen que estar articulados para asumir tareas y dar respuestas. «El sistema falló, no operó por los menos en las primeras 48 horas», remarcó.
El sistema de salud pública fue el único que operó por sí sólo, aunque no hubo una articulación para el traslado de heridos o para la dotación de insumos, que -reconoció Rivero- se alivió con las toneladas de donaciones que hicieron los venezolanos.
Uno de los sectores más importantes para el manejo de estas emergencias, por su capacidad logística y número de funcionarios, es la Fuerza Armada Nacional, la cual fue activada el viernes 26, 48 horas después de los terremotos. Pero su misión no fue de rescate, sino de control.
«La Fuerza Armada es un sector importantísimo para responder en las primeras 12 y 24 horas, porque ellos tienen tiendas de campaña, vehículos, maquinarias, radios de telecomunicación, plantas eléctricas. No respondieron. En lugar de llegar a ordenar el caos, se convirtieron en un obstáculo para que la gente respondiera ante la falta de acción del gobierno», sostuvo.
Un bombero de la región central del país que solicitó el anonimato coincidió con el diagnóstico de Rivero al afirmar que los protocolos fallaron en su totalidad.
Según su testimonio, la precariedad operativa y la falta de insumos básicos impidió atender las emergencias a tiempo: «Nos hemos encontrado con que no hay gasolina para movilizar una ambulancia o un vehículo con rescatistas, por ejemplo».
El uniformado detalló que los organismos de rescate carecen de algo tan básico como radios hasta herramientas de búsqueda como geófonos. «En La Guaira no hay señal; imagínate lo difícil que es trabajar cuando no hay comunicación. No estamos preparados para atender una tragedia de esta magnitud. En un minuto que se pierde, mueren dos personas», sentenció.
El impacto de la cadena de errores se refleja en la cifra de fallecidos, que hasta este viernes 3 de julio ascendía a 2.645.
«Se perdieron vidas por la falta de una respuesta expedida y fue debido a la falta de planificación y activación del Sistema Nacional de Protección Civil, cuya responsabilidad recae absolutamente en la Presidencia de la República», remarcó el general retirado Rivero.
Sólo con la llegada de las delegaciones internacionales se pudo aliviar la precaria respuesta a la gente, aseguró el experto, quien a 10 días de los terremotos sostiene que permanece el caos en La Guaira.
En este contexto, el rescatista Jacobo Vidarte Donaire analizó la situación desde una perspectiva metodológica y expuso los parámetros internacionales que rigen estas contingencias.
Explicó que, bajo los estándares del Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG), la respuesta ante sismos sigue cinco fases críticas. Estas se enfocan en una ventana de rescate activo de cinco a siete días, priorizando el uso de tecnología y geolocalización antes de proceder a la remoción de escombros.
El especialista detalló la importancia del factor tiempo en la gestión de la crisis: «Las primeras 24 horas son cruciales para el reconocimiento y rescate superficial, seguidas por el pico técnico de búsqueda urbana (USAR) entre las 24 y 120 horas mediante geófonos y equipos especializados».
En sintonía con lo expuesto por Rivero, Vidarte destacó que la llegada de equipos de rescate extranjeros, dotados con alta tecnología y herramientas especializadas para estructuras colapsadas, fue un factor fundamental para el desarrollo de las operaciones.
La comparación con estándares internacionales también permite dimensionar las fallas de la operación después de los terremotos en Venezuela. En países con alta actividad sísmica como Japón, Chile o Estados Unidos, los protocolos de búsqueda se apoyan en sistemas de información en tiempo real, equipos especializados y comunicaciones centralizadas que agilizan las decisiones.
En esos entornos, el uso de sensores estructurales, tecnología de detección térmica y acústica y la coordinación técnica entre organismos permiten rescates eficientes y un flujo de información confiable. Esa articulación permite salvar vidas.
Sin embargo, en Venezuela, la respuesta estatal demostró que el país carece de sistemas de información robustos, equipos de rescate con mayor capacidad técnica y una coordinación interinstitucional que permita decisiones rápidas.
El colapso ocurrido en la costa central reveló que, en una catástrofe, la gestión de las primeras horas define la tasa de supervivencia. En este caso, fue precisamente la ausencia de esos protocolos modernos y la centralización de la ayuda lo que transformaron una emergencia climática en una crisis de gestión humana, dejando una deuda pendiente con las víctimas que no pudieron ser rescatadas a tiempo.
La magnitud real de esta tragedia la exponen los organismos internacionales: la ONU estima que hay más de 50.000 personas desaparecidas bajo los escombros, mientras que mapas satelitales de la NASA confirman la destrucción o daños severos en más de 58.000 viviendas.
Frente a estas cifras, la prueba más dolorosa se vive en el terreno, donde los familiares de las víctimas y desaparecidos continúan, por su propia cuenta, removiendo escombros para rescatar a sus seres queridos a diez días del doblete sísmico.
«Los familiares estamos colaborando porque el gobierno no quiere ayudar», reclamó con impotencia un hombre que viajó desde el interior del país hasta La Guaira para buscar a su tío, su esposa y sus dos hijos en un edificio derrumbado.
Su lamento sella el verdadero final de esta crisis: una comunidad abandonada a su suerte, donde el dolor ciudadano tuvo que ocupar el vacío dejado por el Estado.
La Guaira / El Pitazo


