
La cotidianidad en la Isla de Margarita se ha convertido en un ejercicio de resistencia para sus habitantes. Vecinos de distintos sectores denuncian una realidad marcada por la deficiencia extrema en los servicios básicos, donde la falta de agua potable y el deterioro de la infraestructura vial encabezan la lista de preocupaciones que afectan su calidad de vida.
En el sector Villa Rosa, la crisis hídrica alcanza niveles críticos. Manuel Villarroel, residente de la zona, señala que han transcurrido más de 45 días sin recibir una gota de agua por tubería. Esta situación obliga a las familias a destinar recursos económicos imprevistos para la compra de camiones cisterna, un gasto que golpea el bolsillo en medio de un contexto donde el servicio eléctrico también presenta fallas constantes.
En la comunidad de Las Bermúdez II, vía el Aeropuerto, el aislamiento se siente en el asfalto. Britany Carriazo explica que la falta de pavimentación en sus calles genera nubes de polvo y dificultades de acceso permanentes. Para los vecinos de este sector, la construcción de carreteras no es un lujo, sino una necesidad urgente para dejar de vivir entre la tierra y el abandono estatal.
El problema se repite en el centro de Porlamar, específicamente en la calle San Nicolás. Angelainy Guilarte relata que la ausencia del suministro los ha forzado a recurrir a tomas irregulares en un puente cercano para abastecerse. El tiempo invertido en cargar envases de agua se ha vuelto parte de una rutina agotadora que varía dependiendo de la afluencia de personas que buscan el mismo recurso para subsistir.
Estos testimonios reflejan un panorama común en Nueva Esparta, ciudadanos que, a pesar de las dificultades, intentan mantener su día a día mientras exigen soluciones reales. La precariedad en el acceso al agua y el mal estado de las vías no solo limitan el desarrollo de estas zonas, sino que profundizan una crisis de servicios que parece no dar tregua a los margariteños.
Nueva Esparta / Mario Guillén Montero


