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#DDHH | El acceso a agua segura e higiene en los campamentos post terremoto es un derecho que debe garantizarse 

julio 30, 2026
En el caso mujeres la falta de agua y de instalaciones adecuadas las afecta de forma diferenciada / Foto: EFE

Los edificios no son los únicos que colapsan cuando un evento sísmico de gran magnitud azota a una región; también tambalea la garantía de los derechos básicos. Las medidas sanitarias para la provisión de agua potable y la gestión de excretas no son solo una necesidad médica para evitar brotes infecciosos, sino una obligación del Estado para proteger el derecho humano a la vida, la salud y la dignidad. 

En Venezuela, la Ley Especial de Refugios Dignos para Proteger a la Población en Casos de Emergencias o Desastres establece que el gobierno debe atender directamente las necesidades humanas en los sitios de refugio, bajo principios de dignidad, eficacia y corresponsabilidad.

En el contexto posterremoto, esto significa que las personas alojadas en carpas o campamentos temporales no pierden sus derechos, y que el Estado debe garantizar condiciones mínimas de habitabilidad.

Organizaciones como Laboratorio de Paz han señalado que después de un desastre, las personas siguen siendo titulares de derechos y que un refugio no puede improvisarse, sino organizarse conforme a estándares internacionales para evitar nuevos daños.

Aunque la Ley Especial de Refugios Dignos no establece rutinas específicas de higiene dentro de las carpas, sí exige que los refugios temporales cuenten con agua potable, saneamiento, baños y condiciones básicas de salubridad. Los estándares más detallados de higiene en campamentos y albergues se desarrollan en guías técnicas y humanitarias complementarias, que el Estado está obligado a seguir. Por ello, garantizar estas condiciones no es un acto de caridad ni una tarea que pueda recaer únicamente en la ayuda humanitaria y en las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), sino una responsabilidad jurídica y política de las autoridades.

La especialista en infectología y expresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, Patricia Valenzuela, explica las estrategias y protocolos a seguir en eventos sismológicos de esta magnitud.

“Lo ideal es garantizar la disponibilidad y el acceso de agua embotellada en la zona cero y campamentos para evitar la transmisión de microorganismos que puedan producir infecciones gastrointestinales, en especial diarreas”, asegura la doctora Patricia Valenzuela. 

Esto es debido a que aumenta la probabilidad de que existan contaminaciones cruzadas de tipo fecal-oral que ocurre cuando no hay una buena higiene y, puede propagarse a través de agua contaminada, alimentos sucios y manos sin lavar. “Una persona que tiene un cuadro diarreico que va al baño y no lava sus manos con agua o jabón o no las desinfecta con alcohol al 70% y esa persona luego manipula alimentos, los prepara o distribuye dentro del campamento, ahí hay una probabilidad de transmisión”, explica la especialista.

Agrega que ese mecanismo de transmisión fecal-oral es igual para las bacterias, los parásitos y los virus que puedan producir cuadros gastrointestinales.

El enfoque diferenciado de la higiene

“Garantizar que las personas puedan realizar su aseo personal no solo previene enfermedades e infecciones, sino que también aporta calidad de vida. Ayuda a mejorar, o al menos a conservar, cierta comodidad dentro de estos espacios”, enfatiza Valenzuela. 

El acceso a espacios y productos para la higiene personal es importante en el día a día para que las personas afectadas puedan sobrellevar la situación en la que se encuentran luego de los terremotos. “Cuando una persona puede asearse sus genitales, lavarse sus dientes y el rostro, cada uno de estos gestos contribuye a que recupere un mínimo de bienestar entre tanto dolor y miedo”, destaca la expresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología. 

Valenzuela también recalca la importancia de la higiene de manos antes de salir de los baños, o inmediatamente al salir de los baños portátiles, o después de cambiar pañales. Sin embargo, el acceso insuficiente al agua y a espacios de higiene no impacta por igual a todos los grupos sociales.

En el caso de niñas, adolescentes, mujeres adultas y madres lactantes, la falta de agua y de instalaciones adecuadas las afecta de forma diferenciada, porque necesitan mayor privacidad y recursos específicos para gestionar su higiene íntima y menstrual. 

Algo similar ocurre con las personas con discapacidad y con la niñez más pequeña: requieren apoyos adicionales para el aseo personal, así como agua segura para lavar teteros, utensilios y superficies de contacto frecuente. Ignorar estas necesidades concretas no solo incrementa el riesgo de infecciones, sino que profundiza la vulnerabilidad y el malestar en los campamentos, lo que hace indispensable incorporar un enfoque diferenciado de género, edad y discapacidad en las medidas de higiene.

¿Qué es el protocolo WASH?

Para la gestión de campamentos y refugios temporales, las recomendaciones internacionales apuntan a la aplicación del paquete estratégico conocido como WASH por sus siglas en inglés (Agua, Saneamiento e Higiene), impulsado por organizaciones como Unicef, Médicos Sin Fronteras y la Cruz Roja Internacional. 

Estas estrategias abarcan el uso de filtros industriales o domésticos y tabletas potabilizadoras que permiten procesar el agua para que sea apta no solo para el consumo humano, sino también para la preparación de alimentos, el lavado constante de manos y el aseo personal.

La especialista insta a las autoridades locales a coordinar la reubicación de las personas sobrevivientes en refugios o instalaciones estructuradas que cuenten con techo y suministro continuo de agua, reduciendo la vulnerabilidad que representan los campamentos improvisados al aire libre o en carpas, donde las condiciones de salubridad resultan complejas de sostener.

“Es una de las cosas que más nos preocupa y es una de las recomendaciones en las que insistimos no solamente la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS), sino también todas las agencias del sistema de Naciones Unidas (ONU). Hay que garantizar el agua segura”, sostiene Patricia Valenzuela.

Por Ismelvia Dugarte

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