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Cómo vivieron los niños el bombardeo del 3E: "¿Y si esta noche otra vez explotan?"

enero 10, 2026
Especialista recoienda hablar con niños ante situaciones de violencia / Foto: Archivo

La madrugada del sábado 3 de enero tuvo todas las miradas puestas en el cielo, en medio de lo que fue la acción de bombardeo del gobierno de Estados Unidos sobre la ciudad de Caracas, pero en especial la mirada de quienes fueron testigos de excepción: los niños y niñas que vivieron de primera mano las explosiones que rompieron la tranquilidad de la noche.

¿Qué sintieron y cómo vivieron los niños y niñas el bombardeo del 3E?

"Yo duermo con mi mamá y mi tía la llamó por teléfono y salió al balcón, pero no me dejaba asomarme. Igualito yo veía detrás de ella que explotaba y explotaba y todo se veía neeegro pero de repente se ponía anaranjado pero muy muy muy anaranjado. Después mi hermano que estaba descalzo y sin camisa me cargó para que me metiera al cuarto con mi abuela y me mandaron a poner los zapatos y un suéter por si teníamos que salir. Pero no salimos porque mi mamá le decía ¿y para dónde vamos a agarrar, tú estás loco?". Naty, 9 años, vive en un edificio en la avenida intercomunal de El Valle, a 6 kilómetros de Fuerte Tiuna.

"Yo pensé que eran unos fuegos artificiales monstruosos. Pero mi mamá corría de cuarto en cuarto y despertó a toda mi familia y dijo: ¡Son bombas, son bombas! Ahí sí me asusté y dije para dentro de mi cabeza ‘esta no la cuento’. Menos mal que no nos alcanzaron". Isa, 8 años, vive en El Paraíso, a 3 kilómetros de una comandancia de la Guardia Nacional.

«Yo sé que pasaban aviones por arriba y eso sonaba como frrruuuuuummm, pero no se parecía a las películas porque era mucho más fuerte, se sentía que me retumbaba en las orejas y en el pecho». Kevin, 9 años, vive en el sector El Observatorio. 

"Los niños hicieron un fuerte en la sala, por puro instinto. No se despertaron en la madrugada gracias a Dios porque en el momento no se enteraron, igual cuando se levantaron como a las 7 de la mañana todo era una locura, estábamos sin electricidad, no podían usar los teléfonos porque estábamos ahorrando batería y no sabían qué pasaba, así que armaron un fuerte con sillas y sábanas en plena sala y adentro metieron galletas y un botellón de agua". Nailet, mamá de Amanda y Alex, de 8 y 10 años.

"¿Por qué lanzaron bombas? ¿Todos nos teníamos que enterar así? Yo creo que no ha terminado aunque mi mamá dice que sí ¿Pero y si esta noche otra vez explotan?". Luciana, 10 años, vive en Santa Mónica, a 5 kilómetros de Fuerte Tiuna.

«Mamá, creo que esta noche puede haber kabum kabum porque vi en tiktok que hay un lugar en Estados Unidos donde si se vende mucha pizza es porque va a pasar algo. Y anoche vendieron mucha pizza»Julián, 12 años.

«Mi mamá me decía a cada rato ‘no pasa nada, quédate en el cuarto tranquilo’ pero ella era la que andaba como loca y llamó a medio mundo. Si en la ventana se veía que Caracas estaba explotando»Leider, 11 años, vive en Catia.

«Ojalá ya se resuelva lo que sea que esté pasando porque todos los años nos pasa algo. El año pasado (se refiere a 2024) había protestas y no pudimos salir por varios días y ahora nos lanzan bombas y mi mamá dijo que tampoco podemos salir mucho. Como que vivimos en un país explosivo»Daniela, 9 años, vive en El Cementerio.

La geopolítica no sabe de niñez

Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, apunta en un texto denominado La geopolítica de hoy no sabe de niñez ni adolescencia, que los conflictos entre Estados, las tensiones diplomáticas, las disputas territoriales, las amenazas militares o los juegos de poder se discuten en mesas donde nunca hay espacio para los niños, niñas y adolescentes, aunque sean ellos quienes cargan con una parte silenciosa pero enorme de las consecuencias.

"Para la geopolítica, los niños no existen: no votan, no negocian, no representan fuerza económica ni militar. Pero esa invisibilidad no los protege; al contrario, los deja expuestos. La niñez y adolescencia es la primera en sentir el impacto: escuelas cierran sus puertas, servicios públicos se paralizan, se normaliza la violencia, familias se separan y las comunidades viven con miedo. Nada de esto figura en los comunicados de alto nivel, pero ocurre todos los días", señala.

En América Latina se mantiene una tendencia mundial alarmante. A finales de 2024, aproximadamente 48,8 millones de niños habían sido desplazados por conflictos, violencia o crisis humanitarias, la cifra más alta en la historia reciente, según Unicef.

¿Cómo hablar con los niños sobre situaciones de violencia?

Oscar Misle, educador y fundador de Cecodap, apunta algunas recomendaciones:

  1. El silencio no protege; por el contrario, genera mayor ansiedad. Antes de hablar, es vital que, como adulto, gestionemos nuestras propias emociones.
  2. Los niños absorben el estado de ánimo de sus cuidadores. Si nos ven aterrados o descontrolados, sentirán que el hogar es un lugar inseguro.
  3. Busquemos el momento adecuado. Elige un espacio tranquilo donde se sientan seguros.
  4. Averigua qué saben: Pregunta qué han escuchado o visto. Esto te permite corregir información falsa y no sobreexponerlos a detalles que aún no conocen.
  5. Valida sus sentimientos: Si dicen tener miedo o tristeza, no les digas «no pasa nada». Responde: «Es normal que te sientas así, yo también me he sentido preocupado, pero estamos juntos».
  6. La información debe ser veraz pero adaptada a su madurez: Usa explicaciones simples y concretas.
  7. Comparte las medidas de seguridad que se están tomando para protegerlos. Si se escuchan disparos o detonaciones no asomarse a las ventanas o balcones.
  8. Conversa con ellos sobre la veracidad de lo que ven y fomenta el pensamiento crítico para evitar el pánico por noticias falsas.
  9. ​Ayúdales a identificar al menos un adulto de referencia al que puedan acudir si se sienten en peligro.
  10. Refuerza rutinas, manteniendo los horarios de comida, sueño y juego les da estabilidad emocional en medio del caos.
  11. Nunca termines la comunicación de forma abrupta. Asegúrate de que no se quede con angustia.
  12. Recuérdales que están a salvo contigo: Haz énfasis en que tu prioridad es su protección. Puedes realizar un ejercicio de respiración.
  13. Si hay cambios persistentes en el comportamiento (pesadillas, pérdida de apetito, irritabilidad extrema o retrocesos como volver a orinar la cama), desde Cecodap recomiendan buscar apoyo psicológico especializado.

Caracas / TalCual

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