
El cacao, su cultivo y comercialización en la zona de Paria del estado Sucre, cuenta con una tradición de poco más de 300 años. A su sombra se cimentaron grandes riquezas, que al despuntar el boom petrolero, se marcharon de la región, fortunas de por medio, y dejaron atrás una estela de pobreza que no remedió tampoco la industria de los hidrocarburos.
Luis Pláceres, expresidente de la Fundación Proyecto Paria y experto en el tema cacao, es enfático al señalar que el sector está sin movilidad en todas sus áreas.
“No hay mejoramiento en ninguno de los indicadores. Ni en producción, ni en los de vida de los productores cacaoteros y en general, de manera integral, en la vida del sector”.
Solo un indicador ha tomado fuerza, la incipiente empresa artesanal chocolatera, que se manifiesta en las principales ciudades de los municipios sucrenses, pero que no afecta producción cacaotera del estado.
Reseñó que en tiempos de la Independencia, la región producía el doble de lo que produce toda la nación hoy en día. Para 1975, con la creación del Fondo Nacional del Cacao (FNC), se cultivaban unos 300 kilos del fruto por hectárea, con una superficie sembrada de unas 30 mil hectáreas y tres variedades identificadas, que se manejaban en el comercio internacional: el cacao fino de aroma, el corriente y el otro por debajo de esos niveles.
Cree que procesos como la Reforma Agraria de la década de 1960, lejos de beneficiar la producción, la afectaron, al entregar tierras a cultivadores que no contaban ni con los insumos ni la asistencia técnica necesaria. “Se fueron abandonando muchas fincas”.
Como consecuencia, se afectaron las plantaciones con el saque de árboles maderables y ahora para levantar la producción es necesaria una reforestación intensiva.
A esto agregó la muerte de las plantaciones de aguacate, que era un cultivo complementario en las haciendas cacaoteras.
“De la zona de Paria salían unos ocho camiones diarios de este cultivo y hoy en día no sale uno, pero nadie investigó por qué pasó esto”, señaló.
En 1992, al cierre del fondo, solo se vendía el cacao corriente, mientras los otros dos tipos, sencillamente habían desaparecido.
Reconoció que la infraestructura que construyó el FNC, aún se mantiene en pie, pero el factor social no se atendió adecuadamente.
Al llegar el gobierno de Hugo Chávez se ordenó atender el sector de forma prioritaria y se destinaron cuantiosos recursos.
En las postrimerías de la "cuarta república", a través del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, programa de apoyo a los productores del estado Sucre, se destinaron 2 mil millones de dólares al sector.
“Y eso no cambió en nada los rendimientos ni las relaciones sociales de la producción del cacao”, destacó Pláceres.
En la actualidad, y en eso coinciden todas las voces, no se produce la cantidad de cacao que se debería.



Como hecho anecdótico, señaló que a principios de este siglo el país producía más cacao que Perú y estábamos al nivel de Colombia, pero hoy países como Ecuador, producen nueve veces más que Venezuela y hasta República Dominica muestra mejores números que el país.
Destacó que hay repuntes en las cifras en estados como Apure y Táchira, mientras Sucre se ha quedado rezagado no solo en los números.
Otra de las consecuencias de la eliminación del FNC, fue que se liberó la venta del rubro, y ahora la comercialización es libre. “Pero no hay una política estadal”.
Durante el gobierno de Chávez se invirtieron, segúnn la cuenta que lleva, unos 30 mil millones de bolívares de la época, pero esto no generó un cambio. “Dentro de esa fiesta de atención al cacaotero hubo demasiada corrupción, intermediación de recursos”.
Puso como ejemplo el tema de la mala hierba escoba de bruja, que sigue viva en las plantaciones, pese a los intentos de control. “El esfuerzo que hay que hacer aquí pasa por la investigación, por incorporar nuevas variedades de cacao, por atender al productor y recuperar los cultivos”.
Considera que mejorar la situación requiere crear bancos de germoplasma, atender al productor y generar variedades resistentes a las plagas, para alcanzar un mayor rendimiento. “El que diga que el cacao es una actividad de hoy para mañana que no se meta a cacaotero. Hay que hacer un esfuerzo. El Estado ha querido diseñar respuestas inmediatistas y la inmediatez no es para el cacao”.
Francisco Ordaz e Isomar Sánchez tienen emprendimientos familiares de cultivo y procesamiento de cacao en los municipios Bermúdez y Benítez respectivamente.
Sus grupos familiares viven de lo que aporta el negocio.
Reseñan una realidad que incluye no contar con mano de obra suficiente, la proliferación de enfermedades y trabajar con herramientas propias y con la misma familia.


En el caso de Ordaz, trabaja en 4.5 hectáreas en la zona alta de Bermúdez y con aproximadamente unas 3 mil plantas. “Estamos hablando que por cosecha debería estar arrojando por encima de 2 mil 400 kilos y apenas da 300 o 400 kilos”.
En el caso de Sánchez, cuenta con una hacienda en El Rincón, municipio Benítez, de casi 10 hectáreas y una población vegetal de 4 mil 700 plantas.
Con orgullo cuenta que han agregado nuevos ejemplares con agricultura regenerativa a base de bioinsumos y apoyo técnico privado, lo que le ha valido un mejor rendimiento.
No cuentan con asistencia técnica gubernamental permanente y deben sobrevivir con esfuerzo propio.
Ordaz señala que vienen trabajando con organizaciones no gubernamentales foráneas.
“En mi caso, somos objeto de beneficio por parte de un proyecto internacional con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Programa de Pequeñas Donaciones y el ministerio de Ecosocialismo. Son proyectos internacionales que se basan en el cambio climático y en el proyecto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la recuperación de estas unidades de producción”, señaló.
Sánchez, que trabaja su hacienda en solitario, luego de la muerte de su esposo, destaca el esfuerzo propio y su participación en diferentes talleres de formación.
“El último que hice fue con la Casa Franceschi, la Fundación San José y Ayuda en Acción. Participamos en un proyecto de formación, una especialización técnica en lo agrotecnológico, de la mano de diferentes organizaciones que se juntaron. Me formé y a partir de allí he estado aplicando todo lo aprendido en la plantación en conjunto con mis trabajadores”.
Para ambos vivir del cacao en Sucre es posible si se disponen a transformar la materia prima. Se puede vivir también de la venta del grano, pero ha sido muy golpeado con las bajas de los precios.
“En el caso de nosotros la transformación de la materia prima genera un valor agregado mucho mayor”, destaca Ordaz.
Sánchez defiende el manejo agroecológico de su plantación, que le genera valor agregado al producto y la transformación del mismo, “transformación que nos triplica el valor de un grano de cacao. Es un esfuerzo que se tiene que hacer comprando la maquinaria, aprendiendo todos los días nuevas técnicas de mejora del grano y el sabor de nuestro cacao. Y bueno, trabajando, si se puede vivir, tanto en la venta como de la transformación, pero tiene que haber una formación y un trabajo constante y cotidiano”.
Ambos coinciden en que el despegue de la producción pasa por la educación del productor. “El productor debe ser formado, se debe acabar eso que vemos en esta zona de Paria, del cacao lanzado en las aceras, se deben dar cursos y promocionar lo que es el buen cuido del cacao, las buenas prácticas a la hora de la postcosecha”.
Destacan que la fermentación aumenta el valor del grano y el cacao pariano tiene un agregado y es que su precio a veces no depende de la bolsa. “El cacao venezolano siempre tiene un valor por encima de la bolsa internacional y eso no es aprovechado”.
Con el plan del PNUD en la zona alta de Bermúdez se están rehabilitando actualmente unas 20 hectáreas, y la idea es seguir trabajando en las poblaciones en las faldas de cuenca de La Cerbatana.
Álvaro López es el presidente de la Asociación de Productores de Cacao de Venezuela (Asoprocave) y cultivador del rubro en el municipio Libertador de Sucre.
De entrada cree que los productores de cacao de Sucre no pueden vivir, en la actualidad, de sus cultivos. “No tenemos producción suficiente en Sucre, ha disminuido casi 50%. De 19 mil toneladas hoy estamos en 7.5, 8 mil, máximo, por año. Esto, aunado a los precios, no da realmente para cubrir los costos de producción”.
Ubica los números para producir un kilo de cacao en un promedio de 5,5, 5,6 dólares el kilo y se está vendiendo el grano en tres dólares máximo. “Esto implica que ni siquiera alcanza para los costos, para reinvertir en la finca”.
Rebate el tema del procesamiento, al decir que “el productor que se mete a procesar cacao se encuentra con una realidad, yo podría procesar todo mi cacao, pero mi problema es el mercado, ¿a quién se lo voy a vender? Hay una barrera de choque que es el mercado”.
Entre los obstáculos a considerar, desde su perspectiva, se encuentra el descuido del trabajo de producción en las haciendas y competir en un mercado que está saturado de polvo, de manteca y de licor de las grandes transnacionales.
“La agroindustria está en el país. Por supuesto que un kilo de cacao a un productor, procesarlo de forma natural, de forma rudimentaria, artesanal, nunca le va a compensar los precios. Para yo vender un kilo de cacao o de pasta de cacao, procesado con mi cacao fermentado, escogido, seleccionado, no va a bajar de 10 y 12 dólares. Pero en el mercado se va a encontrar con un licor que cuesta 5 o 6 dólares ¿Por qué? Porque son hechos por grandes transaccionales”.
Reconoce que hoy día no hay asistencia técnica, no hay capacitación y la parte organizativa falla, a lo que se agrega el tema del financiamiento. “Para procesar hay que tener las condiciones, por los equipos o las maquinarias necesarias para llegar a ese estadio de emprendedor”.
Recalca López que Sucre es un estado de productores y productoras, con verdadera vocación agrícola cacaotera, que data de unos 300 años. “Pasamos de ser el primer estado productor de cacao del país, hasta el 2007. Pero producto de la no asistencia, de que no hay campañas fitosanitarias, ni campañas de formación, capacitación al productor, incluso no se ha hecho extensión agrícola en investigación genética, mejoramiento genético y clones o bancos de germoplasma y viveros satelitales para resguardar y proteger nuestro banco genético criollo, nos hemos ido al piso”.
Cree que la producción de Sucre se puede levantar con una política cacaotera del Estado, con apoyo al productor, acompañamiento, y sobre todo, rescate del bosque cacaotero, con 30 mil hectáreas, hoy afectado en 40% por las plagas y el envejecimiento.
“Estamos hablando de unas 12 mil familias cacaoteras y tierras fértiles que están allí, esperando a que se les meta la mano para fortalecerse”.
Recordó que entre las propuestas de Asoprocave están un plan de formación y capacitación y el plan de viveros en toda la región, para rescatar los clones con semillas resistentes a la escoba de bruja.


Señala que la fortaleza de Sucre está en esas semillas, que genéticamente son productivas y pueden ser resistentes a la plaga. “Solamente, tenemos que ponerlas en viveros, certificarlas por las instituciones del Estado y minar al estado con bancos de germoplasma”.
Otro factor que favorece a Sucre son productores con verdadera vocación agrícola, así como mano de obra calificada con ingenieros, técnicos, peritos agrónomos y diálogo de saberes, que pueden ayudar a recomponer toda la situación.
“Además de eso, tenemos todos los materiales, equipos para la construcción de viveros, secadores y cajones de fermentación. Es decir, tenemos todo aquí en la zona”.
Sucre / Yumelys Díaz


