domingo
, 30 de agosto de 2026
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Los barrios de Caracas sobrevivieron al terremoto pero las lluvias reactivan las alarmas

agosto 30, 2026
Para Bolívar, la prevención comienza mucho antes de que el agua caiga / Foto: Tal Cual

El terremoto del 24 de junio dejó una suerte de falsa sensación de seguridad en algunos barrios de Caracas: si las viviendas resistieron el movimiento de tierra, seguramente también resistirán lo que venga después. Pero una amenaza no desaparece porque otra no se haya materializado.

Las zonas populares asentadas en las laderas del valle de Caracas pueden haber salido relativamente ilesas del sismo, pero continúan expuestas a otro riesgo; que las lluvias saturen los suelos, aumenten el caudal de las quebradas y provoquen deslizamientos o inundaciones.

La urbanista Zulma Bolívar advierte que el hecho de que los barrios no hayan sufrido grandes afectaciones durante el terremoto no significa que hayan dejado de ser vulnerables.

"El tema del sismo fue un gran aviso. En nuestras zonas informales no pasó mayor cosa porque tuvimos suerte de que las ondas no llegaran hasta allá, pero eso no quiere decir que no sigan estando en peligro. Hay que estar metiendo la lupa para ver cuáles son aquellas zonas inestables que por ciertos eventos puedan causar deslaves o deslizamientos y que podamos perder vidas también".

El riesgo, además, no está solamente en las partes altas.

Caracas tiene zonas construidas al lado de quebradas y cauces que durante buena parte del año pueden parecer inofensivos. Pero el agua tiene memoria y cuando llueve con suficiente intensidad, busca nuevamente los espacios por donde históricamente ha circulado.

"Hay cosas que fueron avisadas. Todas las laderas de nuestro valle fueron ocupadas de manera formal por los barrios que tenemos. Hay unos que no están en riesgo, pero hay otras que sí están y esto ha estado avisado. Hemos tenido deslizamientos con pérdidas de vida en muchas zonas de Caracas en muchos eventos", explica Bolívar.

La advertencia adquiere mucho más peso en una ciudad donde la vulnerabilidad también ha sido construida.

"Hay riesgos hidrológicos y hay riesgos del suelo y la vulnerabilidad se forma cuando tú no atiendes a ninguna de las causas. Por eso es que la vulnerabilidad es construida. Y por eso es que el hombre es tan culpable", señala la urbanista.

Una lluvia de 30 milímetros ya es suficiente para encender las alarmas.

En apenas dos jornadas de lluvias, cinco personas murieron, 31 árboles se cayeron, 45 vías se inundaron, 29 deslizamientos fueron registrados y viviendas y comercios fueron afectados, según cifras publicadas por la alcaldesa metropolitana de Caracas, Carmen Meléndez.

Para Valdemar Andrade, ingeniero hidrometeorólogo de la Universidad Central de Venezuela, una precipitación superior a los 30 milímetros, equivalente a 30 litros de agua por metro cuadrado, ya representa un riesgo hidrológico para la ciudad.

Ese volumen de lluvia no debería considerarse extraordinario. Según Andrade, precipitaciones de esa magnitud tienen períodos de recurrencia de uno o dos años. Las de unos 60 milímetros, en cambio, pueden ocurrir aproximadamente cada cinco años.

Lo llamativo, dice, es que Caracas ya registró dos episodios superiores a los 30 milímetros en sábados consecutivos.

Y el riesgo puede aumentar en las próximas semanas. Aunque se espera una temporada de lluvias menos abundante de lo habitual por la influencia del fenómeno de El Niño, octubre suele concentrar el máximo de precipitaciones del año en Caracas.

Pero no todas las lluvias producen el mismo peligro ni afectan de la misma manera a toda la ciudad.

En las zonas altas y de pendientes pronunciadas, el problema puede ser el suelo. Después de un movimiento sísmico, algunas áreas pueden quedar más susceptibles a la inestabilidad y, cuando reciben agua durante períodos prolongados, aumentar la posibilidad de deslizamientos.

En las zonas bajas, particularmente aquellas cercanas a quebradas y ríos, el riesgo cambia y puede ser el desbordamiento. Eso fue lo que ocurrió recientemente en las inmediaciones de Valle Abajo y Los Chaguaramos, donde el río El Valle y San Pedro se desbordaron y dejaron vehículos atrapados.

Y la ciudad también tiene otro problema menos visible. Buena parte de sus sistemas de drenaje fueron diseñados hace aproximadamente medio siglo.

"La ciudad ha cambiado por su dinámica. Tenemos más construcciones, más asfalto y eso genera mayor cubrimiento superficial. Hay que hacer una adecuación de todos esos drenajes de las ciudades, en particular de Caracas", explica Andrade.

Más concreto significa menos suelo capaz de absorber agua y más escurrimiento hacia quebradas, canales y sistemas de drenaje. Y cuando esos sistemas reciben más agua de la que pueden conducir, el resultado puede ser el desbordamiento. No necesariamente hace falta una lluvia extraordinaria para que ocurra.

Cuando el agua no tiene por donde pasar

El problema tampoco termina en cuánto llueve.  Clima 21, organización dedicada al seguimiento de asuntos ambientales, cuestionó que después de la inundación del río El Valle se responsabilizara principalmente a los ciudadanos por arrojar basura.

Los residuos pueden obstruir los cauces y agravar una inundación, pero no explican por sí solos por qué una ciudad se vuelve vulnerable frente a las lluvias.

El problema también está en cómo se construye sobre el territorio y cómo se intervienen ríos y quebradas.

Bolívar pone como ejemplo precisamente el río El Valle. Su cauce fue embaulado y posteriormente se construyeron grandes estructuras sobre él. Al reducir el espacio disponible para la circulación del agua, aumenta la posibilidad de que el caudal se desborde cuando las precipitaciones son fuertes.

"No nos podemos acostumbrar a que estamos seguros porque no haya pasado nada. Hay mucha gente que construye en bordes de quebradas que se ven secas, pero se ven secas dependiendo de la temporada del año. Hay lluvias que no se producen sino cada cinco años, cada 10 años. Pero ese sigue siendo un sitio de peligro", advierte.

La misma lógica puede aplicarse a otras zonas de Caracas donde los cauces han sido modificados, ocupados o intervenidos.

"Cuando se inundó ahorita la autopista en El Valle, todos los ingenieros civiles hidráulicos del país tuvieron consenso en que cuando se hizo la ampliación de la autopista, el hecho de tú haber introducido una serie de columnas gigantescas sobre el cauce ya embaulado, es un tema matemático, si tú disminuyes el espacio por donde pasa el agua, el agua se desborda. Es así de lógico", resume.

Para ella, el mapa de riesgo, con áreas rojas de peligro son "todas aquellas por donde pasaba un curso de agua y fueron intervenidas por el hombre. Tú tienes que tener muy en cuenta qué fue lo que cambiaste, porque la naturaleza es muy sabia y el agua siempre retoma su canal original".

Por eso, culpar únicamente a quien lanzó una bolsa de basura por una quebrada termina siendo una explicación demasiado sencilla para un problema mucho más profundo.

Clima 21 plantea que los desastres ocurren por la interacción entre una amenaza natural y las condiciones de vulnerabilidad existentes. La basura puede aumentar el riesgo, pero también lo hacen la falta de mantenimiento, la ocupación de zonas inundables, la intervención de cauces, la expansión urbana sin planificación y la ausencia de medidas adecuadas de prevención.

La diferencia es que algunas de esas condiciones pueden modificarse antes de que llegue la próxima tormenta.

Llegar a las lluvias sin estar preparados

Para Bolívar, la prevención comienza mucho antes de que el agua caiga.

"Nosotros tenemos que diseñar para el escenario más catastrófico, porque por eso se llama prevención del riesgo. Porque sabes que por ahí no pasa agua, pero en algún momento pasará y tienes que acostumbrarte a resguardar ese sitio por tu bien, porque no sabes cuándo viene la crecida".

Eso implica saber dónde se puede construir, dónde no, qué terrenos son inestables, cuáles son los cauces naturales, qué drenajes necesitan ser ampliados y qué comunidades están expuestas.

"Lo primero que tenemos que saber es tener un diagnóstico de dónde queremos construir. Y para eso justamente es que sirven los planes. La planificación lo que hace es tomar hoy las medidas para garantizar un mejor mañana".

Mientras ese diagnóstico no exista o no se traduzca en decisiones concretas, Caracas seguirá respondiendo a cada lluvia como si fuera una emergencia nueva.

Pero para los barrios ubicados en las laderas, para quienes viven junto a una quebrada y para las comunidades asentadas sobre terrenos inestables, la próxima lluvia no será un fenómeno inesperado. El riesgo ya está ahí y el terremoto, aunque no haya dejado grandes daños en esas zonas, no lo borró.

Caracas / Tal Cual Digital

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