
No todos los presos liberados han permanecido callados por miedo.
Los meses transcurridos luego de la extracción de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en acción comando de los Estados Unidos el 3 de enero, han servido para dar a conocer las condiciones de presidio, porque algunos de los detenidos, que ahora se reinsertan a la sociedad, han decidido “no guardar silencio”.
Para el periodista Carlos Julio Rojas, excarcelado el 14 de enero, las secuelas de su paso por El Helicoide, donde estuvo detenido desde abril de 2024 -el último de los cuatro procesos de encarcelamiento del que fue objeto-, vivió situaciones que forzaron al máximo su resistencia física y emocional, aunque al final con el convencimiento de que callar no era una opción.
Vivir bajo amenazas o intentar dormir en condiciones infrahumanas -aunque sin sufrir golpes, descargas eléctricas o condiciones de asfixia-, no exime de calificar su experiencia de tortura. “En El Helicoide había más de 100 celdas, llegamos a estar en un momento más de 300 personas en el Helicoide. En un momento hubo tres “tigritos” que son celdas de confinamiento extremo de muy pequeñas dimensiones. Pero cuando a mediados de 2025 se realizaron una serie de traslados, algunas de estas celdas normales las convirtieron también en celdas de aislamiento, en ‘tigritos’”, relata Rojas a El Tiempo.
El periodista detalla las condiciones a las que fue confinado en aquellos sitios. “No había ninguna forma de iluminación. Dormía una tabla, entre ratas (…) Cuando me mandaron la primera vez a un tigrito en El Helicoide, fue en una celda de 2 metros por 2 metros.

Explica que luego de hacer una denuncia importante que se filtró en los medios, llegó un “comisario en condiciones de ebriedad” que me levantó la mano e intentó golpearme. “En ese momento yo me le paro firme y le digo ‘soy periodista, soy defensor de derechos humanos, soy preso de conciencia declarado por Amnistía Internacional, no puede agredirme… Se lo repito y se lo repito… Y luego, tras golpear la pared, me lanza a ese tigrito que era de 2x2 metros con el piso de tierra en una tabla. Había una cañería de aguas negras abiertas por donde salían ratas”.
Rojas indicó que le tocó defecar en una bolsa plástica. “Te lo decían, amárrese los pantalones. tú pides derechos humanos, agarra una bolsa y haga sus necesidades allí.
“Se burlaban cuando estaba enfermo. Llegué a tener 40 grados de fiebre. Quien me cuidó fue un gran colega, Luis López, periodista y dirigente. También debo hablar de Carlos Chancelor, un excelente hombre, exalcalde de Tumeremo, quien me apoyó mucho al igual que Roland Carreño, entre muchos otros”.
El comunicador social y activista denunció que le retuvieron sus medicamentos y tuvo que “cortar una pequeña colchoneta que esta vez me dieron porque en la otra dormí en una tabla. Corté un pedazo de tela para poderme secar con el poco de agua que había allí para poder hacer esta vez mis necesidades y poderme bañar porque estuve 15 días sin bañarme. Fueron 20 días que tenía una sola muda de ropa en este segundo tigrito.
-¿Cuántas veces lo confinaron a un “tigrito”?
-Dos veces, la primera vez. Siempre había la amenaza. La del primer tigrito fueron 15 días y en el segundo fueron casi dos meses, en una de estas celdas que transformaron en tigrito totalmente aislado.
-¿Cómo era una celda normal?
-Eran celdas pequeñas pero en comparación con los tigritos eran mucho más “humanas” si se puede decir. Yo llegué a estar en una celda con 15 personas donde teníamos un solo baño y dormíamos en literas. Tampoco era respetado el tema de la salud.
-¿Cuál fue la peor tortura que escuchó en El Helicóide?
-Yo recibí lo que podríamos llamar una “tortura blanca”: ratas, tigritos, amenaza, amenaza de meter presa a mi esposa. Una vez un comisario dijo, durante una visita de mi esposa, ‘a Carlos Julio lo que provoca es guindarlo en las patas y ponerlo boca abajo’. Las torturas blancas incluso son la que intentan quebrarte psicológicamente. Y había presos que tenían miedo simplemente a hablar conmigo porque podían ser castigados.
Rodolfo Baptista


