
El presidente ruso, Vladímir Putin, está desaparecido en combate, coincidiendo con la hiperactividad de su homólogo de la Casa Blanca, Donald Trump. Desde el comienzo de este año, el jefe del Kremlin apenas ha participado en unos pocos eventos públicos de menor importancia.
"Trump es ahora como la Coca-Cola, mientras Putin es una bebida cualquiera. El gran protagonista de los últimos cuatro años parece que en estos dos primeros meses del año se ha ido al cementerio", comentó Maxim Kats, conocido comentarista político ruso.
Putin sólo emergió brevemente a la superficie en vísperas del cuarto aniversario de la guerra en Ucrania. Recibió al ministro de Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, ante el que criticó el embargo energético impuesto a la isla por Washington. La Isla de la Libertad, como la llaman en este país desde tiempos soviéticos, sigue siendo un símbolo de resistencia ante el dictado occidental.
Todo esto coincide con las crecientes tiranteces entre el Kremlin y la Casa Blanca sobre Irán y Venezuela, además del apresamiento de petroleros rusos en aguas internacionales.
Contribuyó al silencio de Putin la denuncia de cinco países europeos de que su mayor enemigo, el opositor Alexéi Navalni, fue envenenado cuando estaba en prisión, lo que hizo que todos los dedos acusadores apuntaran de nuevo al líder ruso.
"Más de medio millón de soldados rusos y ucranianos han muerto para que Putin fuera tenido en cuenta", recuerda Kats, en alusión a las pérdidas de ambos bandos, según fuentes independientes.
En cambio, el líder ruso está callado, ya que en los últimos dos meses los avances del ejército ruso han sido pírricos y, de hecho, los ucranianos han logrado en febrero sus mayores ganancias territoriales en dos años y medio de combates.
Según los analistas, la guerra no parece que vaya a devolver a corto plazo a Putin el protagonismo que busca y que Trump le ha arrebatado este año con toda clase de iniciativas, incluido la Junta de la Paz.
La impresión es que el Kremlin está decepcionado con la mediación estadounidense en Ucrania. De hecho, Putin volvió a designar a su asesor, el propagandista Vladímir Medinski, como negociador jefe, lo que todos los analistas interpretaron como un desplante a EE.UU.
El ministerio de Exteriores acusó abiertamente a la Administración estadounidense de incumplir lo acordado en la cumbre de Anchorage, es decir, obligar a Ucrania a abandonar el Donbás.
"Valoraremos la eficacia de la mediación estadounidense, como se suele decir, por sus resultados (...), si alguien tiene la sincera intención de mediar para llegar a un acuerdo, debería dejar de realizar suministros militares a uno de los bandos en conflicto", dijo María Zajárova, portavoz de Exteriores.
Aunque ningún alto funcionario ruso se ha atrevido a criticar directamente a Trump, sí se ha abierto la veda para arremeter contra la agresiva política exterior estadounidense.
Mientras, Trump da una de cal y otra de arena. Esta semana prolongó por un año las sanciones contra Rusia, aunque el diario The New York Times informó de que la corporación rusa Novatek firmó un contrato para la explotación de gas natural en Alaska.
La prensa también informó sobre un supuesto trato bajo mesa entre Trump y Putin que consistiría en una inversión conjunta de 14 billones de dólares a cambio del levantamiento de las sanciones.
Los analistas rusos y el estadounidense Instituto para el Estudio de la Guerra consideran que Putin está, en realidad, tramando una movilización para darle la vuelta a la situación, tanto en Ucrania como en el plano internacional.
Si Estados Unidos no le da lo que quiere y acepta que el espacio postsoviético es su esfera de influencia, entonces el Kremlin anunciará una nueva movilización con el fin de expulsar a los ucranianos del Donbás.
El experto militar Yuri Fédorov explica que dicha movilización será muy distinta a la realizada en el primer año de la guerra y que provocó el exilio de casi un millón de hombres en edad militar.
Para ello, cuenta con más de dos millones de reservistas, una fuerza con la que espera, según Fédorov, seguir combatiendo hasta derrotar por agotamiento al enemigo.
Consciente de la impopularidad de la guerra, Putin recurrirá a la nueva ley de movilización para la protección de infraestructuras críticas, que podrían encontrarse perfectamente en los territorios ucranianos anexionados y significar la participación en combates en primera línea.
"Nadie podrá negarse. En cuanto entras a formar parte del ejército ruso pierdes todos tus derechos", explica.
La ralentización y amenazas de bloqueo de la popular red de mensajería Telegram irían en esa línea. Es necesario limpiar el campo mediático para prevenir el descontento popular.
Kats también apunta que Putin teme en su fuero interno que lo ocurrido con el líder venezolano, Nicolás Maduro, al igual que las amenazas a Irán y al castrismo, sean un ensayo de lo que puede ocurrir en el futuro con Rusia.
Rusia / EFE


